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sábado, 9 de mayo de 2009

El banco de una calle


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Hoy os contare una historia …….; no, no os diré nada más, leer

Nada más salir del metro, el sol de primavera te acariciaba la cara, unos metros más abajo, primera parada, el kiosco de prensa de Reme y esos minutos de charla intrascendente pero necesaria de cada día, y de camino a la oficina

-Buenos días Emilio,- Era el portero de la finca donde trabajaba, y donde vivía Dª Elvira, una señora de 80 años, siempre elegante, y con servicio domestico uniformado.

-Buenos días, Hoy si son verdaderamente buenos,- contesto

Antes de entrar me fije en el bulevar de la calle, Isidro estaba barriendo su trocito de acera junto a los dos bancos de la calle.

A las 10 de la mañana con mi bocadillo me cruzaba al bulevar y me sentaba en uno de los bancos, me encantaba desayunar bañando por el sol de primavera y viendo pasar a la gente y sus prisas.

Se acercó Isidro

-Buenos días Chaval

-Buenos días Isidro,- Desde hacía un año era las únicas palabras que cruzábamos, se sentaba a mi lado y cuando terminaba mi asueto

-Adiós Isidro

-Adiós Chaval

La verdad es que en ocasiones intenté entablar conversación, pero fue imposible, así que me conformé con nuestra profunda conversación de ida y vuelta, pero no sabía porque me gustaba su compañía, había algo en él que me sorprendía y me intrigaba, pero era su vida y yo nadie para intentar entrar sin su permiso.

Poco tiempo después,

-Buenos días chaval

-Buenos días Isidro,- parecía que todo era normal, pero no sé porque le conteste

-Me llamo Julio, ya te lo he dicho

-Pues buenos días Julio,- Me sorprendió

-¿Quieres?,- Señalándole mi bocadillo

-Está bien,- Esta vez sí que pasaba algo. Corte la mitad y se la di, deje mi mitad en el banco y fui a por una cerveza al bar que estaba en frente

-¡Toma!,- La acepto sin mediar palabra, y sin más disfrutamos de nuestro desayuno

-Te preguntaras que hago aquí,- No sabía que decir, pero

-Pues sí, aunque no es de mi incumbencia

-Sabes, he viajado por todo el mundo, y vivido más de 10 años en Paris, junto a la opera, con mi mujer, tenías que haberla conocido en aquella época, morena, ojos negros, su peinado con aquella onda sobre el lado derecho, muchas veces íbamos a la opera, y no solo en Paris, me acuerdo un día en Praga, llevaba un vestido largo con chaqueta sobre la que lucía un camafeo de plata y ágata azul con una cabeza de mujer romana; que hermosa

Sus ojos se entristecieron

-No te he dicho como se llama mi mujer ¿verdad?

-No

-Ana, además de guapa, tenía una conversación agradable, era el centro de las reuniones, y en la cálida penumbra de nuestro dormitorio el mundo se diluía, su piel jugaba con mi piel hasta ser una, yo me sentía como el colibrí libando en la mejor flor del mejor jardín, hasta convertirnos en todo energía, y luego, poco a poco, cuando ella quería, te dejaba que recuperaras tu cuerpo, a pesar de no querer; su voz, era vida, y sus labios de color rosa terciopelo eran todo sensualidad

Cuando iba a interrumpirle, paro un coche, él se levantó y se encaminó hacia él, salieron dos mujeres, Isidro se acercó a la anciana de cabellos plateados y cuyo rostro seguían siendo hermoso, la tomo de la mano e hizo que le cogiera del brazo, ambos se fueron al banco continuo al mío, se sentaron, Isidro le acaricio la mejilla, y la besaba, ella con la mirada perdida esbozaba una pequeña sonrisa.

La joven se sentó a mi lado

-Soy Ana, es mi padre

-No lo sabía, encantado, Isidro es muy recatado, nunca cuenta nada, sin embargo hoy sí que me contaba lo feliz que era con su mujer en Praga

-Sí, -

-Me permites que te haga una pregunta

-Sí

-¿Cómo es que duerme en ese banco en la calle?

-Cuando mi madre se perdió interiormente, mi padre desapareció de casa, no podía ver a su mujer así, un día la policía nos dijo que estaba aquí, vine a por él pero no fue posible, tantas veces se vino con nosotras tantas veces volvía al banco.

Me fije que Isidro tenía otra vez los ojos llenos de lágrimas y no dejaba de acariciar a su mujer.

-Un día me dijo, Hija, en este banco conocí a tu madre, en este banco y esta calle están mis recuerdos, no puedo vivir sin ellos, así que cuando puedo vengo con mi madre, normalmente por la tarde, ellos se sientan allí, y yo les observo, veo tanto amor que no puedo, mejor dicho no debo …………..

El silencio fue todo lo que siguió, nos quedamos mirando a la pareja, sus manos entrelazadas y sus miradas lo decían todo, es más verdaderamente eran una sola persona.

Julio

9 comentarios:

brancalúa dijo...

Preciosísimo relato para una mañana azul.Gracias

Julio dijo...

Gracias Brancalúa.
Un abrazo

Felipe Sérvulo dijo...

Gracias por compartir tus vivencias.

La Gata Coqueta dijo...

No se el motivo... pero al terminar estaba emocionada y en mi mente el diario de NOA.

Es un relato precioso, sabes tocar esa parte sensible que siempre esta ahí y a veces dormida, que todos tenemos.

Feliz semana para ti y te dejo mis sueños y alegrías para ser disfrutados.

Hasta pronto!!!

Julio dijo...

Felipe, gracias. Es un honor tu paso por mi blog.
Un abrazo

Julio dijo...

Gracias gata, ya me gustaria a mi tener el talento del director de la pelicula para plasmar un drama romantico como ese, y que decirte del novelista Nicholas Sparks en el que se basa la pelicula.
Un abrazo

Felipe Sérvulo dijo...

Te dejo un abrazo después de leerte.

Marinel dijo...

Por muchas veces que lo lea,no me canso.
Hermoso y triste,pero tan humano y tierno...
Besos.

La Gata Coqueta dijo...

Mi querido amigo y compañero, paso a saludarte y desarte que disfrutes de una bella semana y en compañía de la gente que aprecias y te aprecia.

Unabrazo y un beso.

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