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jueves, 30 de abril de 2009

Gotas en una vida





………Sonaron los goznes de la puerta y levantó la cabeza para ver entrar de la calle a Heliodoro
-Que tal chiqui,- Saludo Heliodoro mientras este le miraba fijamente nervioso.
Se dirigió a la chimenea baja de la cocina y dejo los troncos en el suelo, encendió unos papeles, les arrimo unas piñas secas y cuando estas ardieron puso sobre estas unas ramitas de pino seco para poder poner después unos troncos, cosa que hizo al ratito. Se fue a lavar y cambiar de ropa antes de cenar, venía de atender las vacas.
Cuando volvió a la cocina, echo unos troncos mayores y coloco el caldero con el guiso de carne para calentarlo. Chiqui apoyo la cabeza sobre sus manos y se quedo mirándole sin perderse nada, cuantos años juntos, toda la vida, no tenía ningún recuerdo sin él.
                Sobre la pequeña mesita de la cocina titilaba una vela que ayudada por la chimenea creaba una luz tenue que a Heliodoro le traía muchos recuerdos.
                Cenó y se dirigió a su habitación, iluminando el camino  con la vela, se paró en la puerta, delante del tálamo
-Cuantos años de intenso amor en él,- pensó Heliodoro con un nudo en la garganta y un dolor que le partía el alma, en él se inició la vida de sus diez hijos, y en él habían aprendido juntos a disfrutar del sexo, todavía recordaba la noche de bodas, sus caderas, su tersos pechos, la suavidad de su piel cercana a sus partes intimas, y su torpeza, y como mejoró con los años y la complicidad de los dos, las imágenes le venían a la cabeza como si estuviera en el cine, y eso que solo había estado en aquel cine que unos feriantes pusieron en la plaza del pueblo hace ya muchos años, -¡En fin!, cogió el libro de la mesilla, “La madre” de Gorki, se lo regaló D. Severino, el médico, aquel año que se rompió la pierna, y era el único libro que había en la casa, le dijo, es buena literatura, y de la lucha obrera.
                Volvió sobre sus pasos, se sentó junto a la chimenea y a la luz de la vela comenzó a leer la novela:
“Cada mañana, entre el humo y el olor a aceite del barrio obrero……, pero las llamitas de los troncos hicieron que la mirada de Heliodoro se perdiera e ellas. Chiqui vio como por las mejillas de Helidoro  caían dos lagrimas, de pronto el recuerdo le volvió a partir el alma, y un fuerte dolor se apoderó de su pecho, chiqui le miraba, se le cayó el libro, y se desplomo en el suelo, chiqui se acercó y comenzó a lamerle la cara en un intento vano de que su amo le devolviera las caricias,  Heliodoro había emprendido el viaje que dos días antes su mujer, su amante, su compañera de toda la vida había emprendido hacia tan solo dos días.

lunes, 20 de abril de 2009

Recuerdos



Las olas nos traen en ocasiones grandes sorpresas y agradables recuerdos, he de contaros que después de muchos años he vuelto a hablar con uno de mis amigos de infancia, e inevitablemente los recuerdos recuperaron su sitio, que os resumo:

Las golondrinas rasgando el aire,
anunciando sus trinos primaveras.
Las acacias con nuevas cabelleras,
derramando fragancias en el aire

El piar de los gorriones en los nidos
y escuchar el silencio de mañana,
recibiendo el sol por la ventana,
despertando temprano los sentidos.

Los domingos, como dijo Quevedo:
“Amor me ocupa el seso y los sentidos”,
persiguiendo el sueño con amigos.

Conseguir a tu chica; nuestro credo,
Amores imposibles perseguidos,
Terminando de vinos con amigos

¡Qué tiempos¡


Julio

lunes, 13 de abril de 2009

Una historia normal


Había amanecido lloviendo, a través de la ventana del salón se veía a la gente caminar bajo los paraguas, los charcos formados en el asfalto comenzaban a ser infranqueables, y pasa a su lado un riesgo cierto de ducharse, si se coincidía con algún coche.

-Este aguacero ha terminado de desnudar a los arboles,- Pensó  con la mirada perdida en la calle

Arrecio; la lluvia pegaba con fuerza sobre el cristal que se convirtió en un caleidoscopio de colores y formas.

¿Oye?,- una voz desde las habitaciones de la casa reclamó su atención

-¡Sí!

¡¿Vas a mirar algo o no?,- insistió su hermana

-Ya veré

Seguía triste, tan solo hacia un par de días que habían enterrado a padre, y los recuerdos se agolpaban inconexos, se sentó en el sillón de cuero color café con leche y miro al aparador, se acordó de la latita, esas de hojalata que traían el colacao, donde su madre guardaba las fotos, se levantó y abrió la puerta derecha del aparador, allí estaba, la cogió y volvió al sillón, abrió la tapa y comenzó a verlas.

Fue mirando y recordando, acababa de abrir la puerta al pasado que le trasportaba a sensaciones agradables.

Encontró la de su madre caminando por la acera llevando de la mano a su hermana la mayor con tan solo 6 años, después aparecían la de bodas, alguna de comuniones, la de su bautizo en brazos de su madrina, y de pronto, aquella pequeñita, su padre y su madre, esta agarrada del brazo paseando por  la casa de campo

-¡Que elegantes!, - Se fijo en como vestía su padre, traje gris (suponía, la foto era en blanco y negro), camisa con finas rayas a cuadros y una corbata clarita con figuras de rombos, y zapatos negros brillantes. Su madre un vestido abotonado, el pelo recogido con horquillas en las sienes, y melena rizada, pendientes de una perla, y collar a juego, bolso clarito y chaqueta recogida sobre el bolso, zapatos tipo Gilda, y una cinturita pequeña, tenía un tipazo.

Le vino a la memoria cuando tenía unos doce años, su padre llegaba tarde de trabajar, y para esperar, su madre sacaba la cajita, que contenía un pequeño reportaje grafico de su vida, se sentaba en la mesa y les contaba la historia de cada foto.

-¿Qué haces?,- Apareció su hermana

-Sabes; contesto mirando la foto de sus padres, mama nos contaba historias de cada foto, concretamente esta se me quedo grabada. ¿Quieres oírla?,- Pregunto a su hermana

-Sí

-Estaban paseando por la casa de campo, corría el año 44, ¿creo?, y siempre decía que fueron tiempos felices a pesar de lo que acababan de pasar, y continuaba, - No teníamos ni una perra chica, pero tu padre siempre se las apañaba para comprarme una bolsita de almendras garrapiñadas e incluso en ocasiones nos íbamos a la puerta del sol y nos sentábamos en alguna terraza a tomar un refresco y una cerveza.

En este punto se paraba, y continuaba, quien diría lo que pasaríamos años después.

-¿Qué paso?,- preguntaba yo siempre

-Cosas para olvidar, y se callaba de nuevo

-La verdad es que nunca les oí maldecir a nadie por lo que pasaron y que ya mayor me entere. ¡Qué Generación!, duros, con ideales, solidarios, dispuestos a currar en todo.

Entonces sonaba la puerta de la calle, se levantaba y calentaba la cena para su marido, y ¡A la cama!.

-Siempre recordaré como tenía idealizado a su marido, y como años más tarde nos enteramos que la que verdaderamente llevaba la casa era ella, a pesar de sus frases “Ya verás cuando venga tu padre”, “Lo que diga tu padre”, y la peor “Se lo voy a decir a tu padre”, esta frase sí que tenía enjundia y hacia que cuando llegaba mi padre procurases no cruzarte abiertamente con él.

La verdad es que era un trozo de pan, no tenía nada suyo, y entre los dos consiguieron crear un hogar entrañable, y en el cual cada rincón estaba impregnado  de libertad para hablar de cualquier tema.

¡Gracias papa!

miércoles, 8 de abril de 2009









Mariposa frágil,

Envuelves con tu aleteo

Rosaledas de alegría.

Compartes su perfume generosa,

Extendiéndolo alegre gota a gota,

Derramando su esencia.

Empapando,

Silenciosa el día






martes, 7 de abril de 2009

A mi madre

Perdida en tus silencios
Me miras, sonríes y me pierdes
En laberintos de silencios
Donde los recuerdos escondes

Has sido alma de tu casa,
Sabia, inteligente, humana, 
buena cariñosa, generosa,
Heroína anónima; persona.

Cigüeña callada, silenciosa
Mujer en un país silenciado,
Madre y fiel esposa

Golondrina temprano del nido alejada.
Ruiseñor enjaulado.
¡Vuela libre!, golondrina alada

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