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sábado, 5 de septiembre de 2009

Momentos

Como todos los días se encaminó a tomar su vinito a la taberna de la calle que daba a la plaza de los Luceros, seguía pensando que la taberna era más acogedora antes de la reforma, con sus veladores de mármol blanco, en su mayoría rotos, y sus ventiladores grandes en el techo y sobre todo Dª Reme. Ahora las paredes amarillentas habían dado paso a la madera, los ventiladores seguían en el techo, pero el aire salía de un aparato; perdón, se me olvidaba, la taberna la atendía Víctor, el hijo de Dª Reme, desde el arrechucho Dª Reme no fue la misma.

-¿Un vinito D. Aurelio?,- Víctor conocía su oficio y siempre que entraba un cliente a modo de saludo preguntaba si tomaría lo de siempre, con su camisa blanca y su mandilón sujeto por un pico en el cinturón del pantalón.

-Buenos días Víctor, sí por favor, blanco como siempre,- Cogió el ABC y se fue a la mesa del rincón que estaba al lado de la ventana desde donde se veía la plaza.

-Aquí tiene D. Aurelio, hoy tenemos buen tiempo,- Comentó Víctor al tiempo que dejaba el vino en la mesa y las olivas-

-Sí, no está mal para ser Julio,- matizó D. Aurelio.

-Por lo menos hay aire D. Aurelio

-Víctor, lo que hay es viento, aire que no falte,- D. Aurelio era meticuloso con el vocabulario.

-Tiene razón D. Aurelio, aire que no falte,- se dio la media vuelta y se fue a la barra.

D. Aurelio estaba jubilado, había sido profesor en el instituto 18 Julio y no podía evitar corregir a alguien cuando no empleaba correctamente el lenguaje o empleaba una palabra inexacta.

Levantó la vista del periódico y miro por la ventana,- Hay viene Isidro,- estaba cruzando la calle en un instante entraría en la taberna.

-Buenos días Víctor,- Su voz aguda y pausada hizo que Víctor girase la cabeza dejando de colocar las botellas del anaquel de la pared.

-Buenos días D. Isidro, ¿un vinito?,-

-Sí, por favor, del de siempre,- y se fue a l velador en que estaba su amigo

-Buenos días D. Aurelio,- D. Isidro llamaba así a su amigo, D. Aurelio era profesor, algo importante según recalcaba siempre D. Isidro. D. Aurelio en más de una ocasión sacaba una foto que estaba doblada por la mitad donde estaban alumnos de uno de su mejor curso, apuntillando,- Este era Ramón, muy listo y además ayudaba a su padre en la chatarra, por eso había días que se dormía en clase, buen chaval de verdad.

D. Isidro dejó el sombrero en el perchero, y al tiempo que se sentaba dejaba el bastón apoyado en la silla.

-Buenos días caballero,- Si alguien ajeno hubiese estado a la misma hora en ese lugar hubiese pensado que estaba en el día anterior o en el anterior, o …….

D. Isidro era una persona afable, de conversación amena, con gran habilidad para las anécdotas y gran memoria para los hecho acaecido en la ciudad, cuando hablaba hasta las personas que estaban en los veladores adyacentes escuchaban, jubilado como D. Aurelio, había sido gerente en una de las bodegas más importantes y significativas de la zona del Vinalopó, esto le daba un plus en las discusiones sobre caldos.

Cinco minutos después llegábamos Juan Mari y yo. Todavía no se cómo sucedió, estaba en la barra con Juan Mari y llegó D. Isidro, sin saber cómo entablo conversación y de ahí pasamos al velador con su amigo D. Aurelio. De eso hace más de un año y desde entonces casi todos los días nos reunimos en una especie de tertulia informal, se pasa de un tema a otro, me encanta escuchar sus razonamientos, su filosofía de la vida, y esa tranquilidad que emana en la tertulia, los silencios que hace D. Isidro cuando quiere hacer énfasis en lo que cuenta dándole intriga, o cuando D. Aurelio pega una calada a su puro canario echando el humo al techo y continua su exposición, como se nota su extensa cultura y su saber en el trasmitir de conocimientos.

-¿Sabéis?, Voy a ser bisabuelo de mi nieta Irene, la de mi Amparito,- D. Aurelio metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y nos dio un puro de los suyos a cada uno, fue la primera vez que le vi tragar saliva para recuperar su compostura, aunque no pudo disimular su emoción al compartir la noticia.

La verdad es que conocíamos a sus hijos nietos y mujer, al igual que él conocía nuestra familia, poco después se acercó Víctor con una botella de vino blanco Viña Sol.

-¿Qué vino es ese?,- D. Isidro, que como todos sabíamos era entendido en vinos sentenció,- Anda, trae uno de Pinoso, mira que trato de educarte en caldos pero no se puede contigo.

Y así comenzó otro vinito antes de ir a comer.

Julio

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