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domingo, 10 de octubre de 2010

El portón portón verde II

Los días siguientes pasaron en ir con Claudio a las viñas, a los pinares para hacer acopio de piñas, que junto a los tocones y leña de mayor enjundia, estas llevadas por Miguel el vecino, le hacían a Claudio el invierno más llevadero.

Los intentos de que nos contase lo acaecido en la casa del portón verde, nada de nada, es más, todo intento de sacar el tema terminaba unas veces como si no lo oyese, otras; si estábamos por los pinares, aceleraba el paso y si estábamos por la noche al amor de la lumbre de la chimenea, había llegado la hora de acostarse, al parecer la historia que corría de boca en boca por el pueblo, desde que tenía conciencia, seguiría igual, una historia de tantas.

Un día, sin esperarlo, tomábamos unos cafés en el bar del pueblo, el bar de Fabián, que por cierto, seguía con sus veladores de mármol y pies de hierro, las paredes en un color amarillo del humo, sillas con los asientos de formica de los años 60, un viejo espejo con el azogue estropeado y un gran cuadro de una lámina de la gitana con la guitarra de Julio Romero de Torres y su color monocromático azulado, fiel testigo del tiempo, es más parecía que entraría el párroco del pueblo, D. Severino, a echar la partida, la brisca de todas las tardes.

Claudio dio un sorbo a su carajillo

-Fue un 17 de Diciembre, nevaba, serían las 12, salí como todas las noches antes de acostarme al corral, el cielo estaba blanco y los copos en su libre albedrio me caían en la cara, siempre me había gustado la nieve, al bajar la cabeza vi a Raimundo, sentado en el poyete junto al entreabierto portón verde, la nieve le cubría los hombros y las piernas, la cabeza apoyada contra la pared y nieve en el pelo,- Claudio volvió a dar un sorbo a su carajillo, le costaba hablar de todo aquello, cuando creí que no seguiría…..

-En dos pasos estuve junto a él, ¡Raimundo!, ¡Raimundo!, le zarandee en el hombro , fue entonces cuando me di cuenta de que un hilo de sangre le manaba del oído, instintivamente separe mi mano de su hombro y se desplomó sobre el poyete,- De nuevo volvió a su carajillo, y nosotros a nuestros cafés, sin decir palabra, sacó su tabaco picado, se lió un cigarro sellándolo con la punta de la lengua, se lo colocó en el lado derecho de los labios, saco su mechero de mecha, ¡Chas!, ¡Chas!, dos chisporroteos de la piedra y un poco de soplido y la mecha ardía sin llama, tras la primera calada, nos miró, ni respirábamos, ¿tendríamos que esperar a otra ocasión para saber que pasó?, me seguía pareciendo mentira su claridad mental y su memoria teniendo en cuenta su edad.

-Fui a buscar a Miguel,- dio una calada y echo el humo al techo. Volvimos y pasamos el portón verde, atravesamos el corral y entramos en la casa. ¡Leonor!, ¡Leonor!, nadie contestaba. Al llegar a la cocina, Leonor estaba frente a la lumbre de la chimenea, tenía las trébedes puestas y el caldero hirviendo, con la mirada perdida en el fuego y haciendo punto,- Apuró el carajillo y termino el cigarrillo sin mediar palabra, no nos atreviéndonos a interrumpirle.

-¿Por dónde iba?,- Me dio un vuelco el corazón, habría perdido el hilo de verdad o con su astucia buscaba no seguir contando.

-Leonor estaba sentada frente al fuego de la chimenea,- Trate de puntualizar lo mejor posible el punto en el que se había quedado.

-¡Ah! sí, - y continuo

-Tocándola suavemente en el hombro y empleando un tono de voz suave insistí, ¡Leonor!, ¿Qué ha pasado?, giro su cabeza y al mirarme, vi su ojo hinchado y un fuerte golpe justo en la sien, ¿Qué ha pasado?, - ahora sí que estaba asustado, pero sin decir nada se quedo mirando la llama de la chimenea, volví a insistir, ¡Leonor!, vamos, ¿Qué ha pasado?, se levantó y si no llego a estar cerca se cae de bruces en la lumbre, no dijo nada, su mirada perdida en mis ojos y una lagrima corriéndole la mejilla, y nada más, Leonor no estaba allí.

Ayudado por Miguel la llevamos a mi casa, poco después Miguel fue a buscar a la guardia civil y al médico que estaban a 5 km, en el pueblo de al lado,- En este punto apostillo

-Y es aquí donde nace la leyenda, que ha corrido por el pueblo fruto como siempre de un poco de verdad y mucho de habladurías,- Claudio se quedo callado mirando a la ventana del bar, ¿Qué pasaba ahora?, tratamos de que continuara pero seguía sin decir nada.

-Leonor, ¿Leonor era tu mujer?,- Irene se atrevió a preguntar lo que yo ni siquiera había pensado, pero evidentemente tenía su lógica porque la mujer de Claudio se llamaba Leonor, aunque siempre la llamaban Eleonor.

-Sí,- Claudio contestó con un sí rotundo y escueto, ahora sí que no entendía nada, que había pasado en realidad.

-Me voy a dar de comer a los animales,- Se levantó dio media vuelta y salió por la puerta del bar.


Julio

7 comentarios:

isla dijo...

Julio, amigo, prométeme que éste no es el final.... ¿verdad?..
Por favor...

Me gusta muchísimo como relatas..
un abrazo
isla

Marinel dijo...

Ay madre que mi imaginación ya va a doscientos por hora!
Ya me he formado una idea de cómo discurre lo siguiente o,al menos, el final que mi mente me sugiere.
Pero seré paciente y volveré a ver cuándo me resuelves el enigma.
Magnífico,sí señor.
Un beso.

Abuela Ciber dijo...

Ahhhhhhhhhhh me dejaste en vilo!!!

Regresare y mientras tanto:

Te deseo una semana de buena cosecha !!!!!!

Frase de la semana::
" Disfruta de la vida, esto no es un ensayo."

Julio dijo...

Isla, esperemos ese final inesperado o no.
Un abrazo
Julio

Julio dijo...

Marinel, estoy seguro de que lo presientes, pero ya veremos.
un abrazo
Julio.

Feliz día del Pilar

Julio dijo...

Abu,me gusta la frase.
Un abrazo
julio

J.M. Ojeda dijo...

¡Hola!
Somos, ¿como somos?

Saludos de J.M. Ojeda

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