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miércoles, 6 de octubre de 2010

El portón verde


Las últimas luces del día atravesaban las nubes confiriendo a estas un tono gris plata.

-No lloverá,- pensó mirando al cielo desde la puerta de la casa, que fue de sus abuelos. Acababan de acomodarse después de un viaje de 6 horas, no terminaba de entender como había decidido pasar unos días allí, eran las 7 de la tarde y parecía un pueblo fantasma.

Se dio media vuelta y entró en la casa

-Mañana pasaré por casa de Claudio.- Pensó, era su tío abuelo, …..se paró y…

-Nena me voy a casa de Claudio, ¿Vienes?,- Recapacitó, aun no era tarde y le gustaría ver a Claudio.

-Sí, voy

Su tío abuelo vivía al otro lado de la plaza de la fuente, cuando pasaron frente a ella se dio cuenta que por los dos caños ya no manaba el agua, habían puesto un grifo en uno de ellos. Por la calle del fondo a la derecha se veían los lavaderos y una pequeña ermita, poco después, dos aldabonazos sonaban en el interior de la casa de Claudio

-¡Abuelo!,- No pudo reprimir la inmensa alegría que le causó verle aparecer por la mitad de la puerta de la derecha, enjuto, con sus ojos verdes, y sus cuatro pelos, de hecho era el mote familiar de los hombres de la familia en el pueblo: “cuatro pelos”.

-Gorrión, te he dicho mil veces que no soy tu abuelo, ¡Coño!,- Su carácter no había cambiado, a pesar de estar cercano al siglo, su aspecto físico no había cambiado casi, algo menos de pelo y alguna arruga más, pero era él.

-¿Os vais a quedar ahí?,- Se dio media vuelta y se fue para dentro. Abrieron la otra mitad y siguieron sus pasos.

Al pasar el dintel de la puerta le pareció que el tiempo se había detenido, en el esquinazo, la cantarera con sus dos cantaros, y sus pañitos tapando las bocas, presionados por dos tapones enormes de corcho, en el techo, colgando del hilo eléctrico de algodón trenzado, seguía solitaria la bombilla, y pegada a la pared a la derecha según se entraba, estaba la mesa de roble que había hecho su abuelo.

-Gorrión, ¿termináis de entrar?.- Pasaron la cortina que flanqueaba el paso a la cocina.

-Hay tenéis sopa si queréis cenar,- No dejo de dar cuenta de su sopa cuchara tras cuchara, parte del plato de sopa estaba cubierto por una capa de grasa.

-No gracias, aun es pronto para nosotros,- Se fijo en el banco de madera, que había hecho su abuelo, y que seguía allí, junto a la chimenea, como recordaba el calorcito que se sentía cuando encendía la chimenea su abuela, y como se tomaba la copita de aguardiente su abuelo por las mañana, en realidad, a la otra casa se fueron años más tarde.

-Esta gallina no tiene nada que ver con las que coméis vosotros,- y siguió cenando sin más.

En el techo seguía aquel plato boca abajo con la bombilla, al menos así le pareció siempre, al fondo una pequeña ventana con un burdo cristal roto, a la izquierda de la chimenea la bilbaína que pusieron cuando salieron en su tiempo, aunque siguieron cocinando en el fuego del suelo de la chimenea mucho tiempo sobre todo los guisos. Al fondo, seguido de la bilbaína, una puerta daba donde antaño guardaban los animales y que su abuela convirtió en alacena y trastero.

-Si te apetece más, ¡ahí tienes el jamón!,- interrumpió sus pensamientos. Efectivamente a la derecha de la chimenea seguía un jamón colgado esperando a los que llegaban, como siempre.

-No, de verdad, es pronto,- Recalcó, y siguió impregnándose de sus recuerdos.

Le vino a la memoria lo extraño que le pareció cuando se enteró de que su verdadero abuelo se llamaba igual que su tio-abuelo, Claudio, este siempre decía que después de trece hembras, llegaron él y su hermano, que su madre decidió poner a los dos el mismo nombre, para ahorrar, y que con el tiempo comprobó que había sido buena decisión, ya que al llamar a uno iban los dos, aquí su abuelo apostillaba:”Cosa que era cierta, ¡cualquiera no obedecía a Dª Salvadora!”.

Poco a poco, la tenue luz de la tulipa del techo de la cocina se apoderó de la atmosfera, haciéndola más cálida y hogareña, como era normal en noviembre la temperatura bajó y sin mediar palabra, Claudio cogió un trozo de tocón de pino en el que se veían las huellas de las termitas y lo echo a la lumbre, chisporroteo, continuo liándose su pitillo de picadura,

-Este tabaco no es igual que el caldo de gallina de entonces, pero no venden otra cosa,- Tras la reflexiono en voz alta, pegó con la lengua el papelillo. No tardo en chisporrotear de nuevo el tocón, y momentos más tarde daba gusto estar allí.

-Y dime ¿Qué hacéis aquí?.

-Nostalgia.

-Solo eso,- Era difícil engañarle, siempre había sido así, tenía un sexto sentido para detectar las intenciones de las personas que se le acercaban.

-Eso y que me ha dado por conocer historias de familia, y sinceramente, como me lo vas a decir pues te lo digo yo, eres el único que queda de tu edad, con la cabeza en su sitio,- Conociéndole era mejor no dejarle salida.

-Bueno, dio una calada, y ¿qué quieres saber?.-No perdía el tiempo.

-Que fue de Eusebio, ”el poca cosa”, que se caso con Ramona; recuerdo que recogía resina de los pinos, atendía las vacas por la noche y tenía también ovejas, me caían bien, me llevo alguna vez con él a los pinares, aunque mi madre nunca lo supo.

-Sí, alguna sí que liaste, como para dejarte suelto,- En ese momento no recordaba nada excepcional. –Hay siguen, han tenido tres chava……………

La conversación continuó dando razones de unos y de otros, con algún “qué coño te importa“, y algún que otro silencio, que por si se entendía, …….

-Por cierto, siempre me intrigó el portalón verde que estaba en el callejón que daba a la plaza, - Era un enorme portalón de madera con grandes remaches de hierro, y daba entrada a la casa grande, y ahora que recuerdo nunca la vi abrir,- Claudio me miro fijamente, tomo la colilla y la apago bruscamente en la pared de la chimenea, tirándola al fuego.

-Se ha hecho tarde, me voy a dormir, mañana será otro día, cerrar al salir, sino queréis quedaros a dormir en casa,-Y se fue.

-Hasta mañana,- Era evidente que no quería hablar de la casa grande. Tras salir de la casa atravesaron la plaza de vuelta.

-¿Qué misterio ocultará la casa del portón?,- No tengo ni idea nena, pero ya nos lo contará.

10 comentarios:

isla dijo...

Amigo Julio ¿Gorrión? - que bonito - ha sido un placer recuperar tu prosa.. se echaba de menos..
Ahora tienes que contarnos la historia que rodea al portón verde..

yo espero ..
un gran abrazo.
isla

Julio dijo...

Isla, un verdadero placer tu huella, en ello estoy, espero no defraudar.
Un abrazo
Julio

azpeitia dijo...

Cuantas puertas cerradas nos han incitado al misterio, en nuestra infancia y aún más tarde....muy bello relato---un abrazo de azpeitia

Abuela Ciber dijo...

Te he leido con el placer del oyente, ante momentos sensibles de la vida de muchos seres que queremos.

Esperando ver como sigue.

La foto me llevo a ese lugar y las señoras sentadas de espalda a la fuente me intrigaron.

Cariños

Marinel dijo...

Caray Julio,tardas en actualizar,pero vale la pena de verdad.
He quedado contagiada del ambiente con ese personaje tanquerido por ti que rozando el siglo es de una lucidez asombrosa.
Qué acogedora es la nostalgia cuando se habla de ella con seres queridos ¿verdad?
Y ahora está lo del portón,que veindo el carácter que tiene Claudio,no sé yo si os lo contará.
Si lo hace,¿nos lo cuentas?
Un placer pasar por aquí.
Un beso.

Julio dijo...

Azpeitia, muchas gracias por tu visita.
Un abrazo
Julio

Julio dijo...

Abu, tienes razón.
Esperemos ver como termina la historia, y en cuanto a las señoras sentadas, era costumbre que las mujeres por la tarde se sentaran de espaldas al sol mientras se hacían labores.
Un abrazo
Julio

Julio dijo...

Marinel, últimamente mi escarabajo de cristal esta un poco sordo, no me escucha, ni me cuenta cosas, y lo peor, no me deja entrar en su mundo, creo que anda un poco roto desde lo de kika, esperemos vuelva a cambiar de color de vez en cuando.
Un abrazo
Julio

Marinel dijo...

Hola otra vez.
Tengo por costumbre pasarme a ver si me contestan (qué egocéntrica que soy,¿no?)
Comprendo lo de tu escarabajo...
No hace mucho perdimos a Cora, la perrita de mi hermana que nos traía locos a todos...
Cuesta sobreponerse a la tristeza.
Ya se iluminará el escarabajo mágico;sin prisa
Otro beso.

Julio dijo...

Marinel, muchas gracias.
Un abrazo
Julio

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