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miércoles, 13 de octubre de 2010

El portón verde III

Habían pasado 10 días desde que llegamos, Claudio con su puntualidad insultante, aparecía todos los días a las 8 de la mañana, así que desde las 7 estábamos en danza.

Abrí la mitad de la puerta de casa mire hacia la casa de Claudio pensando que ya venía, pero no. Hacía frio, acababa de clarear y el sol perezoso se hacía desear, o como decía mi abuela, no por mucho tempranear amanece más madrugo.

-Claudio no tardará en aparecer,- Pensó. Cerró los ojos, alzo el cuello y respiro lo más profundamente que pudo, en un intento de disfrutar del olor a pinares del otoño, tan diferente del olor a pinares del verano, en los que era mucho más perceptible el olor a resina y agujo, enmarcado por la roña de los pinos. Trato de buscar el olor a vaca y gallinas de otros tiempos, pero no, prácticamente era inexistente.

Canto el gallo del corral de Dª Reme y le contesto el del corral del señor Pedro,…

-¿Preparados?,- No le oyó llegar

-Sí, pero ¿para qué?,- Desconocía el plan que tenía Claudio, y pensó si Claudio era de otro planeta.

-Voy al portillo a coger té de roca, gorrión

-Perfecto abuelo, vamos, danos 5 minutos

-Te he dicho mil veces que no soy tu abuelo,- Sabía que explotaría, y no sé porque pero me gustaba oírle.

Volver a ver el Duratón, desde enfrente de la Ermita de san Frutos, le gustaba la idea, podría volver a sentir las Aguilar y buitres al elevarse desde sus nidos y pasarle por encima de la cabeza.

Después de pasar por delante de la fábrica de cuerdas y atravesar el pinar, llegaron a la llanura de rocas planas, grandes extensiones de espliego y tomillo. De pronto apareció una abertura que llevaba a la orilla del rio.

-Por ahí iba Leonor,- Comento Claudio señalando a la derecha según bajábamos, una pequeña senda que llevaba a la parte alta del acantilado.

-¿por qué?

-Porque es donde está el té, a que si no, ¿en que estas pensando?,-

-No se enfade Vd., es que no puedo quitarme a Leonor de la cabeza desde el otro día, que por cierto Vd. no termino de contarnos que pasó,- Intente volver al tema

-Gorrión, hay cosas que es mejor dejar donde están,- Siguió caminando, pero no había cortado secamente el tema, luego había posibilidades.

-Sabe Vd., Tiene razón, solo que estoy mucho más intrigado que cuando vine, y conocer que pasó en realidad, y no quedarme en los dimes y diretes de la gente,- Trataba de que Claudio entendiese mi interés, mejor dicho; nuestro interés ya que Irene había quedado atrapada por la historia, y eso que era reacia a venir. Entonces se produjo el milagro

-Está bien,- y continuó con el relato. Cuando llegó la pareja de la guardia civil y el médico, lo primero que hicieron fue ir a buscarnos y los cinco a donde Raimundo, el médico certificó lo obvio, estaba muerto, y el cabo ordeno meterlo en su casa, unos momentos después Raimundo estaba en su cama con una toalla en el oído.

-¿Dónde está Leonor?,- pregunto el cabo

-En mi casa, conteste.

-Pues vamos.

-Hola Salvadora,- Sancho, el Cabo era primo segundo de Salvadora

-Hola Sancho, que desgracia ¡Eh!, -

-Sí, Leonor, ¿Qué ha pasado?,- le preguntó directamente a Leonor que estaba ausente sentada, apoyada en la mesa y mirando a la puerta

-Sancho déjalo, todos sabíamos lo que pasaba

-………..Esta bien,- Contesto tras unos instante de vacilación y salimos de nuevo a la casa de Raimundo. Entro y se dirigió a la cocina, miro la chimenea detenidamente, los trébedes, el caldero y el atizador incandescente hincado en las ascuas de la lumbre, después miró la mesa, los picos de la misma, el armario blanco, los altillos, las dos hachas que estaban junto a la leña, hasta la bombilla, trataba de entender que pasó. Después pasó a la cuadra, allí estaba el cubo tirado y la leche derramada, blanquita la vaca de Raimundo campando a sus anchas, entonces dijo:

-Creo que lo que ha pasado es que Leonor, al ordeñar la vaca como todos los días, debió de recibir un golpe de esta, y se fue a la cocina, luego llegó Ramiro y se fue a ordeñar y la fatalidad hizo el resto.- Miguel, el médico y yo nos miramos y ratificamos las palabras del cabo, parecía lo más lógico.

A las dos horas, todo había acabado, me encontraba solo ante la lumbre de la chimenea de casa, Leonor estaba acostada y mi madre se sentó a su lado en la mecedora de cuidar enfermos, como ella la llamaba.

Eche un par de piñas y unas cuantas ramas de pino al fuego, no tardó mucho tiempo en salir llama, titilaba y me atraía, me llevaba una y otra vez a mi entrada en la cocina, ese atizador en el suelo, y Leonor haciendo punto sin prestar atención, fue entonces cuando le vi el ojo y cuando recogí el atizador estaba lleno de sangre, lo clave en las ascuas, eche con el cogedor ceniza en la sangre del suelo y barrí, echándola de nuevo a la lumbre, entonces llame a Miguel para que viniera a la cocina y me ayudara a llevar a Leonor a casa. Lo que no alcanzaba a entender es que paso en la cuadra, seguramente la discusión empezó allí.

En fin, encendí un cigarrillo de picadora y eche el humo al techo.

-Nadie conocerá que pasó, al igual que el pueblo silenciaba lo que todos conocían, lo mismo ocurriría con esta muerte,- Y así fue, pero la casa fue condenada de por vida, nunca se volvió a vivir en ella, de hecho creo que poco a poco se dejo morir, hasta que un día los techos se derrumbaron.

-No dices nada,- Me pregunto Claudio. No podía, quien podía creer lo sucedido

-Nunca lo contaste, ¿de verdad?,-

-Está es la primera vez y creo que la última, teniendo en cuenta mi edad,- La verdad sí que tenía la mente lúcida, seguimos caminando hasta el té

-Y como llegaste a casarte con Leonor,- Esta vez sí que mandaba a …

-Tú quieres saber mucho, y mi vida es mía gorrión,- Trepo como si tuviera veinte años a las rocas altas para coger el té, resbaló,…..

-¡Cuidado!,- Casi me da un vuelco el corazón, pero Claudio rectificó y puso el pie en un saliente.

Julio

14 comentarios:

isla dijo...

¿Sabes que me pasa Julio?, que al igual que "Gorrión", yo también quiero saber "mucho más" de la vida de Claudio..
Espero que esta curiosidad sea saciada por favorrr...
Un abrazo..
Me ha encantado..
isla

Marinel dijo...

Imaginaba lo que planeaba en el ambiente...
Supuse,así como soy yo,de inmediato,que Leonor era una sufrida mujer de esas que callan temerosas(más aún antes)
De esas cuya paciencia ante la inmundicia de su marido,hace acopio de paciencia y de resignación,aunque sea una tortura...
Claudio hizo que su amor le devolviera la alegría y lo demás,el pasado...
Pasado fue.
Sabio,muy sabio Claudio.
Mil gracias por saciar la curiosidad :)
Besos.

Julio dijo...

Isla, ya veremos.
Un abrazo
Julio

Buen fin de semana

Julio dijo...

Marinel, y lo peor de todo, es que no es desconocida la situación por los más cercano, incluido vecinos.
Que tengas un buen fin de semana, lleno de color.
Un abrazo
Julio

Abuela Ciber dijo...

Esperando desenlaces!!!!

Visitandote y deseandote una semana con logros positivos.

Cariños

Frase de la semana:
"Nada nos hace entender mejor nuestras creencias que el tratar de explicarlas a un niño curioso."
(F.A.C).

Militos dijo...

Me alegro de haber llegado tarde y leer los tres capítulos de golpe, pero me asusté pensando que la historia terminaba así... ya veo por los comentarios que CONTINUARÁ... Me alegro.

Me encanta la personalidad de Claudio, adusto, seco, que no interrumpe su sopa, aunque lleguen sus familiares... jajaja..., pero seguro que tiene un corazón tan blando que se ve obligado a disimularlo con su actitud.

¿Qué son los trébedes? Podía ir a google, prefiero que me lo digas tú.
Un beso Julio

La Gata Coqueta dijo...

Hoy he cortado para ti
las petunias más bellas
que mis pupilas han visto,
para que su aroma
sea un bálsamo
de paz para el espíritu

En este fin de semana
colmado de buenos deseos
para que su descanso
sea un referente más,
para el resto de los días
seguir esperando su llegada...

Con un hasta pronto
se despide...
María del Carmen

María Jesús Verdú dijo...

Un placer leer y visitar tu blog. Te sigo

Julio dijo...

Abu, esperemos.
Un abrazo
Julio

Julio dijo...

Militos, esperemos tener algo más de la vida de Claudio, es muy suyo para sus cosas pero ya buscaremos el hilo.
Los trébedes es un aro de hierro con tres patas, donde se ponía la olla con el guiso. En ocasiones tenía un apéndice para apoyar el rabo de las sartenes, se utilizaba para cocinar en lumbres bajas.

Un abrazo
Julio

Julio dijo...

María del Carmen, no te imaginas la ilusión de tus huellas, gracias por los versos
Un abrazo.

Julio

P.D..- Espero un hasta pronto cortito

Julio dijo...

María Jesús, gracias por visitarme.
Un abrazo
Julio

María Jesús Verdú dijo...

Me agradó leerte de nuevo en esta tarde de viernes. Ha sido un placer pasar por tu interesante espacio virtual.

Felipe Sérvulo dijo...

Es un placer. Te dejo un abrazo.

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