¡Bienvenidos al blog de Julio! abierto las 24Hs...

lunes, 2 de agosto de 2010

La Esquina

A 6 ½ leguas y unas pocas varas de Madrid, las campanas de la basílica del Monasterio acababan de dar la 1 del medio día, instintivamente mire el reloj del consistorio, atrasaba diez minutos, desde la muerte del pegatinas no había vuelto a funcionar con exactitud, …….., quiero recordar su nombre, pero su apodo lo ha fagocitado en mi memoria.

Me senté como muchas otras veces en la mesa que permitía disfrutar de una excelente vista de las cúpulas del monasterio, que aparecían majestuosas por encima de los magnolios, y de la calle Reina Victoria, peatonal y porticada en uno de sus lados. Por cierto, la terraza pertenece al restaurante El Caserío, más conocido en el pueblo por el vasco, excelente su pastel de cabracho, o el picadillo de morcilla, sin desmerecer sus pescados y carnes, y su buen precio.

La verdad es que pretendía seguir con la historia de: “Y llegó el otoño”, pero parece que mi mente no quiere y se desvía.

-Una jarra de cerveza,- El camarero paso la bayeta por el velador, y sin decir nada se encaminó al bar, dos minutos más tarde dejaba la jarra de cerveza y unas olivas sobre el mismo,-Gracias-

-¡Qué bien vives!,- Levanté la cabeza, era Ana, empujado el cochecito con su nena de dos meses.

-¡Hola!, ya ves, se hace lo que se puede, ¿Quieres una cervecita?

-No puedo, ya me gustaría; ya, pero tengo que ir a por su hermana y darles de comer, te lo agradezco.

-Entonces no insisto

-Hasta luego,-

-Adiós,- Ana continuó su camino.

Retome mi lápiz y volví a mi cuaderno, …… solo quedaba una parada para bajar, seguía lloviendo, seguía dándole vueltas a lo que su mujer le comunicó por la noche, desde entonces estaba en una nube, aun le parec………

-¡Hasta luego!,- Don José le tocó en el hombro al pasar junto a él.

-¿Dónde vas con tanta prisa?

-Vienen mis hijos a comer

-Vale, vale, ya hablaremos,- hoy parecía que todo el mundo tenía prisa, el caso es que otra vez había perdido el hilo de la trama.

En la mesa de al lado, se sentaban en ese momento, Adela, como siempre con una pamela a juego con su vestido, y sus zapatos de los años veinte, le acompañaban María, y Margarita, las tres viudas, y las tres siempre juntas, su tapita al medio día y su limón granizado por la tarde noche en la heladería Los Valencianos , conocían vida y milagros de todos en el pueblo, la verdad es que me gustaba charlar con ellas, ya que de cuando en cuando conseguía me contasen como era la vida hacía sesenta años, lo que por otra parte les encantaba, principalmente a Margarita que siempre decía: “Mi padre nunca hubiese consentido el desmadre actual”, su padre había sido alcalde en su tiempo, cuando ella era una moza, como a ella misma le gustaba puntualizar.

Estaba claro que hoy no conseguiría avanzar en mi relato, tendría que quedarme con la intriga de que le había dicho su mujer por la noche,. …….., intente volver pero me di cuenta que tenía que irme, en fin otro día será.

-¿Qué le debo?,- El camarero pasaba en ese instante por mi lado

-1,8€

-Hay tiene, gracias,- una moneda de 2€ liquido la cuenta.

La verdad es que también me gustaba esa esquina, no solo por las vistas, sino porque pasaban por ella indefectiblemente amigos, y vecinos con sus historias que me intrigaban y que me hubiese gustado escribir, y eran agradables esas pequeñas conversaciones que te hacen sentir vivo, e inmerso en lo cotidiano.

¡Otro día será!.

Quizás te puede interesar