lunes 16 de noviembre de 2009

Suspiros de España




El invierno había entrado con toda su crudeza, miró la bilbaína, la cocina de carbón era la calefacción de la casa, los anillos presentaban un color rojizo, en la cocina hacía hasta calor, de hecho, la vida se hacía en la cocina. Su pequeña jugaba con una muñeca de trapo heredada de la hija de la vecina, se asomó al ventanal de la cocina, no sabía por qué, pero estaba intranquila, un coche de la guardia civil paro y dos números bajaron, el corazón la dio un vuelco, unos minutos después sonó la puerta, paralizada no se movió, nuevamente sono la puerta, esta vez unos fuertes golpes hicieron que se precipitara y abriese.

-¿Dónde está su marido?, ¡No ha oído!,- sin dar tiempo a contestar uno de los guaridas groseramente demandó respuesta al tiempo que la empujaba y se metían en la casa.

-Trabajando

-¡Ah!, ¿pero los rojos tienen trabajo?,- las provocaciones solo hicieron que comenzar

-Mi esposo es un trabajador, nada más,- contesto humildemente, evitaba que las cosas empeorasen, su pequeña desde el fondo del pasillo comenzó a llorar.

-¿No me diga?,- irónicamente el sargento puso en duda el hecho, no contestó, sabía que seguramente recibiría un golpe, retrocedió y comprobó como el otro miraba en las habitaciones sin miramientos.

-Entonces no conoce a Avelino

-No,-aterrorizada no emitió más palaras, desconocía quien era ese Avelino

-Y a Patricio

-No,- Tomó en brazos a su pequeña que lloraba desconsolada y asustada……..

Se despertó sudando con el corazón a punto de darle un infarto, la pesadilla vivida el día anterior se había vuelto a repetir, no podía dejar de pensar en el sinfín de preguntas, y el sinfín de amenazas si se volvía a meter en líos, ¿Qué líos?,-pensó-si lo único que habían querido era vivir en paz desde el mismo día que se conocieron.

Cuando se fueron, se tuvo que sentar, le flojeaban las piernas. No terminaba de acostumbrarse a estas visitas, y eso que desde el indulto se repetían todos los meses; y no solo se conformaban con esto; no, preguntaban a los vecinos como se comportaban. Al principio no sabía dónde meterse, cuando se cruzaba por la calle con las vecinas agachaba la cabeza.

Empezaba a clarear, y decidió levantarse, encendió la bilbaína y mató un par de cucarachas que habían osado salir de la carbonera.

Sentada junto a la mesa de la cocina, vigilaba el cazo con la leche, encendió la radio de válvulas que un amigo les había hecho, y se perdió a través del ventanal de la cocina, sobre la encimera de mármol blanco esperaban las tazas para el desayuno.

-Hace un frio que pela, y las nubes blancas amenazan nieve,- un escalofrió la hizo distraerse de sus pensamientos-

Volvió a mirar el cazo y se levantó, la leche estaba subiendo, la retiro y la volvió a poner sobre los anillos de la bilbaína para que volviese a cocer.

Absorta en la leche, la pesadilla vivida durante la noche volvió a poner su corazón en un puño, desde hacía más de cuatro años el miedo había sido su compañero, la felicidad que sintió cuando, el que era hoy su marido, le pidió matrimonio en la sala de fiestas en el Palace Hotel, torpemente por cierto, duró poco, desde aquel día que fue a trabajar y le detuvieron sin más, enterándose en el juicio sumarísimo dos meses más tarde por qué, acusado de……..

A pesar del tiempo transcurrido, seguía sin poder ni pensar en la acusación, tenía la sensación de que si tan solo lo pensaba, se volvería a repetir la historia, menos mal que había tenido la gran suerte del indulto general para presos políticos.

Volvió a retirar el cazo y a repetir la operación por última vez, su marido se estaba afeitando, y ella tenía la costumbre de tener todo preparado para cuando él terminará y se fuese a trabajar, en el otro lado de la mesa estaba la tartera, preparada con el guiso de patatas que su esposo se llevaría al tajo para comer.

Subió la leche por tercera vez y dejo el cazo al lado derecho, sobre la bilbaína para que no se enfriara, se fue al ventanal y dejo vagar su mente, no le había dicho a su marido lo acaecido el día anterior, e intentaba que no notara nada para no preocuparle, total…., pero una y otra vez las imágenes se repetían en su mente.

-Pero si no habían hecho nada, bueno si, ayudar a los huérfanos a través del socorro rojo, y caro que le costó- pensar en ello era de las pocas cosas que la enervaban, después se enteró que no eran los únicos con este problema en el barrio.

De pronto, se dio cuenta que habían comenzado a caer los primeros copos de nieve, eran como pequeños trocitos de algodón cayendo a su libre albedrío, se fijo que empezaba a cuajar sobre los tejados de enfrente y en las copas de los arboles.

-Va a pasar frio en el tajo,- se preocupó por su marido-, aunque luego se ilusionó cuando pensó en su pequeña de casi cinco años, las pocas veces que su niña había visto nevar se había vuelto loca de alegría.

De pronto sintió un escalofrió, los brazos de su esposo la rodearon por detrás abrazándola, al tiempo que besaba su cuello, cerró los ojos y agarro las manos de su marido con fuerza contra su vientre, fundiéndose en un abrazo, al tiempo que acurruco su cabeza todo lo que pudo contra sus labios, la pasión envolvió todo su ser, se sentía segura, era….. todo cuanto necesitaba. Era feliz.


viernes 13 de noviembre de 2009

San Lorenzo de El Escorial

martes 27 de octubre de 2009

Perfidia

No recuerdo muy bien si esta historia la oí, o me la contaron, aunque posiblemente solo sea producto de mi imaginación.

Se recostó sobre la pared, encima del jergón, aun magullado y con un pitido en el oído derecho producto del cariñoso trato recibido en la Jefatura Superior de Policía sita en la Puerta del Sol de Madrid, dos días más tarde le habían trasladado a prisión. Aquel invierno del 46, además de frio se había convertido en una pesadilla.

Miró la celda en la que le habían metido, que además compartía con otros cuatro, no tenía más de 12 m/2, sin ventanas a la calle, no sabía porque, y a la vista del trato recibido en Jefatura por preguntar, más valía no insistir, un sentimiento de impotencia y rabia le invadía, a la vez de la angustia que le oprimía el pecho por no poder hablar con su esposa, le habían robado su vida de un plumazo, y todo por hacer caso a su encargado, le dijo que tenía que ir a la Jefatura Superior de Policía, y comenzó su pesadilla.

Tomo un papelillo con su mano izquierda, curvándolo con su dedo índice y echando un poco de picadura, por lo menos le habían dejado el tabaco,- Pensó, ayudándose con los pulgares dio forma al pitillo, sellándolo con la lengua y dejándoselo en los labios, rasco una cerilla y lo encendió, el humo de la primera calada le dio un poco de calma, con un fuerte ademan de su mano apago la cerilla y la tiro al suelo, echo su cuerpo hacia atrás para estar más cómodo, y jugó con la siguiente bocanada de humo haciendo una rosquilla.

-¿Qué he hecho?, ¿Me habrá denunciado alguien?, pero ¿Por qué?,……., Los pensamientos seguían martirizándole, había oído que era habitual las denuncias para quedarse con los bienes de otros, pero él no tenía nada más que su trabajo, su mujer y su hija de 4 meses.

Cerro los ojos y sin saber porque le vino a la memoria la sala de fiestas en el Palace Hotel, con su orquesta, sentado en el velador con su copa de coñac, llevaba su traje azul marino con una fina raya blanca, corbata con pequeños rombos granates, tipo nido de abeja, y zapatos ingleses, conocidos por Oxford.

A través de la bocanada de humo la vio llegar, su chica, con aquel vestido crema entallado, marcada la cintura con el cinturón y sus pechos turgentes que tanto le excitaban, sin dejar de mirarla, le ofreció la silla y se sentó frente a ella sin soltarle la mano, sus ojos verdes y su pelo largo, ondulado, negro azabache y recogido en las sienes hacían que no pudiese dejar de mirarla.

-¿Quieres casarte?,- La verdad es que nada más preguntarle, se dio cuenta de que seguramente se había precipitado, toda la semana preparando como pedirle matrimonio y de repente …, parecía tonto, de hecho no había sacado ni el anillo, que torpemente se apresuro a sacar, estar con ella le anulaba, pero estaba loco por ella.

-Desea algo la señorita,- Jaime, el camarero se acercó, justo lo que necesitaba, ahora parecería más tonto, tendría que volver al comienzo.

-Sí, un anís, gracias,- Jaime se dio la vuelta y despareció

-Sí

Se produjo un silencio que le pareció eterno

-Sí, si quiero, no me has preguntado que si me quiero casar, pues sí,- increíble, le había aceptado

La beso la mano y le invitó a levantarse dirigiéndose a la pista de baile, ni una palabra, con la fuerza de sus sentimientos a través de sus manos era suficiente, tenía ganas de gritar, de reír, de abrazarla, de….., era completamente feliz, y…. la cogió por la cintura dejándose llevar por la música, poco a poco sus cuerpos se fundieron en un abrazo, comenzó a sonar Perfidia, y el mundo desapareció, su mano derecha acaricio su espalada y la atrajo fuertemente junto a él, sentir sus pechos le hicieron desear estar solos, ella; arrimo su mejilla a su cara y continuaron diciéndose todo sin decir, …..

-¿Eh!, despierta,- uno de sus compañeros de infortunio rompió el pequeño momento mágico que le había sacado de aquel sótano sucio y oscuro hacinado de otros semejantes que posiblemente eran tan desgraciados como él, dio otra calada al piti volviéndole el nudo en el estomago y la rabia ante la indefensión, como se apañaría su mujer y su hija.

-Al patio,- una voz ordenaba al tiempo que golpeaba la puerta……

miércoles 21 de octubre de 2009

Grandes momentos


Saboreando el café por la alborada,

Bañose de oro el campanario,

Susurrando la brisa su misterio,

Bostezando la luna ya menguada.

De la pequeña jaula desconchada,

Acariciaba el aire el noticiario,

Extraño ruiseñor atribulario,

Posado sobre repisa nacarada.

Perdido en remolinos de mañana,

En el humo del piti caprichoso,

Mirar y no mirar, estar ausente.

La caricia del sol por la ventana,

Del arco iris de la vida generoso,

Y el sabor de tus labios aun presente.

sábado 5 de septiembre de 2009

Momentos

Como todos los días se encaminó a tomar su vinito a la taberna de la calle que daba a la plaza de los Luceros, seguía pensando que la taberna era más acogedora antes de la reforma, con sus veladores de mármol blanco, en su mayoría rotos, y sus ventiladores grandes en el techo y sobre todo Dª Reme. Ahora las paredes amarillentas habían dado paso a la madera, los ventiladores seguían en el techo, pero el aire salía de un aparato; perdón, se me olvidaba, la taberna la atendía Víctor, el hijo de Dª Reme, desde el arrechucho Dª Reme no fue la misma.

-¿Un vinito D. Aurelio?,- Víctor conocía su oficio y siempre que entraba un cliente a modo de saludo preguntaba si tomaría lo de siempre, con su camisa blanca y su mandilón sujeto por un pico en el cinturón del pantalón.

-Buenos días Víctor, sí por favor, blanco como siempre,- Cogió el ABC y se fue a la mesa del rincón que estaba al lado de la ventana desde donde se veía la plaza.

-Aquí tiene D. Aurelio, hoy tenemos buen tiempo,- Comentó Víctor al tiempo que dejaba el vino en la mesa y las olivas-

-Sí, no está mal para ser Julio,- matizó D. Aurelio.

-Por lo menos hay aire D. Aurelio

-Víctor, lo que hay es viento, aire que no falte,- D. Aurelio era meticuloso con el vocabulario.

-Tiene razón D. Aurelio, aire que no falte,- se dio la media vuelta y se fue a la barra.

D. Aurelio estaba jubilado, había sido profesor en el instituto 18 Julio y no podía evitar corregir a alguien cuando no empleaba correctamente el lenguaje o empleaba una palabra inexacta.

Levantó la vista del periódico y miro por la ventana,- Hay viene Isidro,- estaba cruzando la calle en un instante entraría en la taberna.

-Buenos días Víctor,- Su voz aguda y pausada hizo que Víctor girase la cabeza dejando de colocar las botellas del anaquel de la pared.

-Buenos días D. Isidro, ¿un vinito?,-

-Sí, por favor, del de siempre,- y se fue a l velador en que estaba su amigo

-Buenos días D. Aurelio,- D. Isidro llamaba así a su amigo, D. Aurelio era profesor, algo importante según recalcaba siempre D. Isidro. D. Aurelio en más de una ocasión sacaba una foto que estaba doblada por la mitad donde estaban alumnos de uno de su mejor curso, apuntillando,- Este era Ramón, muy listo y además ayudaba a su padre en la chatarra, por eso había días que se dormía en clase, buen chaval de verdad.

D. Isidro dejó el sombrero en el perchero, y al tiempo que se sentaba dejaba el bastón apoyado en la silla.

-Buenos días caballero,- Si alguien ajeno hubiese estado a la misma hora en ese lugar hubiese pensado que estaba en el día anterior o en el anterior, o …….

D. Isidro era una persona afable, de conversación amena, con gran habilidad para las anécdotas y gran memoria para los hecho acaecido en la ciudad, cuando hablaba hasta las personas que estaban en los veladores adyacentes escuchaban, jubilado como D. Aurelio, había sido gerente en una de las bodegas más importantes y significativas de la zona del Vinalopó, esto le daba un plus en las discusiones sobre caldos.

Cinco minutos después llegábamos Juan Mari y yo. Todavía no se cómo sucedió, estaba en la barra con Juan Mari y llegó D. Isidro, sin saber cómo entablo conversación y de ahí pasamos al velador con su amigo D. Aurelio. De eso hace más de un año y desde entonces casi todos los días nos reunimos en una especie de tertulia informal, se pasa de un tema a otro, me encanta escuchar sus razonamientos, su filosofía de la vida, y esa tranquilidad que emana en la tertulia, los silencios que hace D. Isidro cuando quiere hacer énfasis en lo que cuenta dándole intriga, o cuando D. Aurelio pega una calada a su puro canario echando el humo al techo y continua su exposición, como se nota su extensa cultura y su saber en el trasmitir de conocimientos.

-¿Sabéis?, Voy a ser bisabuelo de mi nieta Irene, la de mi Amparito,- D. Aurelio metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y nos dio un puro de los suyos a cada uno, fue la primera vez que le vi tragar saliva para recuperar su compostura, aunque no pudo disimular su emoción al compartir la noticia.

La verdad es que conocíamos a sus hijos nietos y mujer, al igual que él conocía nuestra familia, poco después se acercó Víctor con una botella de vino blanco Viña Sol.

-¿Qué vino es ese?,- D. Isidro, que como todos sabíamos era entendido en vinos sentenció,- Anda, trae uno de Pinoso, mira que trato de educarte en caldos pero no se puede contigo.

Y así comenzó otro vinito antes de ir a comer.

Julio

viernes 21 de agosto de 2009

La magia está en tu imaginación

Sentado frente a la caja de cartón que aquella mujer le dio en el parque, pensaba:-¿Que había querido decir con aquello que la caja haría realidad cualquier sueño que él fuese capaz de plasmar con colores?.

Decidió mezclar el rojo cadmio y el cobalto, resulto un violeta cálido, comenzó a pintar y sin saber cómo se me encontró volando sobre un mar tranquilo, con montañas al fondo, entre las que se interponía un manto de niebla, pero no lograba alcanzarla.

-Solo puedes entrar usando tu imaginación,- Un pequeño lucero apareció frente a él, y sin esperar respuesta desapareció.

Buscó en sus bolsillos, encontró el pequeño escarabajo de cristal que un egipcio le regalo en aquel mercado, frente al templo de Kom Ombo, detalle por comprarle las chilabas.

De repente el escarabajo comenzó a brillar con una luz intensa, con destellos que pasaban de un azul marino intenso, hasta terminar siendo un violeta casi blanco que cegaron sus ojos, quedando envuelto en sus rayos.

Lentamente comenzó a cruzar la niebla, apareciendo ante él un valle. El escarabajo cambio a un color azul celeste, estaba casi a ras de suelo, rozando flores de un color blanco, otras carmín intenso, naranjas, entró en un manto de florecillas pequeñas color violeta con pétalos amarillos, de un perfume intenso, que le adormeció, los pétalos amarillos se le enredaron en los pies y le arrastraron al fondo de una cueva, no podía ver nada.

-¿Quién eres tú para venir a mi mundo?,- La voz salía de un intenso punto de luz plateado, no supo que responder.

Su escarabajo de cristal comenzó a cambiar de color, abrió la mano, tenía un color verde esmeralda, y los pétalos amarillos le soltaron.

-Necesitaría tener una linterna,- Como si el escarabajo pudiese leer su mente tomó un tono anaranjado brillante que dejó la cueva como inundada por el sol.

-¿Cómo saldré de aquí?,- pensó mirando a su alrededor

-¡Eh!, ¡Cuidado!,- Grito un pequeño ciempiés. El miriópodo pegó un pequeño salto para no ser pisado.-¡Perdona!,- Sí que tiene genio el bichillo

-¿Cómo se sale de aquí?,- No se podía creer que estuviese hablando con un bichejo como ese.

-¡Y yo que sé!, siempre he estado aquí.

-No le hagas caso, es un cascarrabias,- Intervino un pequeño escarabajo cornudo que pasaba.

-Te he oído,- contestó el ciempiés, - sabes que aquí se está seguro, ¿para qué va a querer alguien salir fuera y morir.

-No le hagas caso, tu escarabajo de cristal tiene la solución,- Parecía que todos conocían el poder de aquel escarabajo de cristal.

-Tienes que creer en él,- Una luciérnaga entró en la conversación. Tenía unas alas de mariposa grandes, de un tono azul con pequeños destellos y pequeñas briznas de polvo que se precipitaban al suelo, de sus antenas transparentes salía un pequeño sonido casi imperceptible, trato de moverse pero no pudo.

-Pero, ¿Cómo se sale de aquí?,- Insistió.

-Emplea tu imaginación,-Le contesto la luciérnaga perdiéndose en la cueva dejando una estela de polvillo brillante que delataba su marcha.

Miró el escarabajo de cristal de su mano y recordó lo que le dijo el egipcio sobre el escarabajo:”Es mágico, su magia te cuidará cuando uses tu imaginación, pero recuerda, la imaginación es magia”.

-Sí, si que es mágico, en menudo lio estoy metido, estoy preso en esta cueva.

Una mota se le metió en un ojo, trato de librarse de ella y se vio sujetado por la mano, se precipitaba contra ella, cerró los ojos ante el golpe y lo que notó fue luz, abrió los ojos y se encontró volando por encima de unas grandes montañas, un gran manto de nieve cubría los pinos de navidad, a su lado volaban dos grandes águilas.

-¡Estoy libre!, -La oscuridad de la cueva quedaba tan lejos….., la sensación de libertad era tan grande y a la vez en su interior tenía pánico a precipitarse hacia el suelo

-¡Arriba que no vas a llegar!,- La voz de su madre acababa de sacarle de su sueño, trato de volver a él pero no fue posible, se incorporó y observó que en su mano derecha tenía un escarabajo de cristal de apenas un centímetro.

Julio







viernes 14 de agosto de 2009

mundo mágico

Las primeras luces del día entraban por la ventana de la habitación, se levantó del sillón en el que había pasado la noche, se desperezó y se acercó a la cama, su madre seguía con la respiración agitada, llevaba así dos días, se fue a la ventana y se apoyo en el marco dejando vagar su vista a través de los cristales, la ciudad comenzaba a despertar y las primeras gentes parecían caminar sin rumbo fijo.

La angustia le atenazaba el corazón a la vez que se sentía que algo intangible acariciaba su alma y calmaba su inquietud.

Su pensamiento vagaba en el recuerdo y una leve sonrisa involuntaria afloró en sus labios al recordar como su madre parecía tener poderes, no pasaba un día en el que una sentencia suya no se cumpliese.

-No te bajes la lima que se la clavaras a tu hermana, increíblemente poco después mi hermana tenía la lima en la pierna, - o cuando dijo, no te bajes las bolas que te pillara una moto, tres meses en cama me costó esta,- o comiendo en la mesa de la cocina, se volvía con el vaso de agua en la mano –“Toma el agua”, como podía haberme leído el pensamiento.

Lo verdaderamente sorprendente era como podía saber donde me encontraba en cada momento, siempre lo sabía, -No quiero volver a verte en los billares, pero si había entrado de vuelta del colegio y estaba a más de un km de casa, o –Que te ha pasado con Leandro, si nos habíamos pegado a la salida del colegio.

Hoy casi estoy seguro que cuando estaba en la cama con 40 de fiebre no me curaban las medicinas, me curaba su fuerza, como aquel vaso de agua con limo que me calmo la angustia del ahogo de las anginas.

El mejor momento mágico era el día de reyes, eran días en los que no sabias si vendrían y mucho menos si te traerían lo que querías, pero no fallaron ni un años, aquel balón de reglamento, aquella pistola, aquel coche, o aquel autobús de hojalata, aunque lo mejor era desbaratar las pinzas para hacer pistolas y disparar pequeñas piedrecitas a cualquier cosa. Pinzas que pacientemente volvía a montar mi madre.

En ese momento sintió un cálido abrazo, cerro lo ojos y dos lagrimas recorrieron su rostro, y una paz, que no tenía desde hacía días, se apoderó de su alma, se dio la vuelta y vio su rostro tranquilo, en ese momento supo que su madre siempre estaría con él, y recordó que había vivido en un mundo mágico en el que siempre fue feliz.