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martes, 27 de octubre de 2009

Perfidia

No recuerdo muy bien si esta historia la oí, o me la contaron, aunque posiblemente solo sea producto de mi imaginación.

Se recostó sobre la pared, encima del jergón, aun magullado y con un pitido en el oído derecho producto del cariñoso trato recibido en la Jefatura Superior de Policía sita en la Puerta del Sol de Madrid, dos días más tarde le habían trasladado a prisión. Aquel invierno del 46, además de frio se había convertido en una pesadilla.

Miró la celda en la que le habían metido, que además compartía con otros cuatro, no tenía más de 12 m/2, sin ventanas a la calle, no sabía porque, y a la vista del trato recibido en Jefatura por preguntar, más valía no insistir, un sentimiento de impotencia y rabia le invadía, a la vez de la angustia que le oprimía el pecho por no poder hablar con su esposa, le habían robado su vida de un plumazo, y todo por hacer caso a su encargado, le dijo que tenía que ir a la Jefatura Superior de Policía, y comenzó su pesadilla.

Tomo un papelillo con su mano izquierda, curvándolo con su dedo índice y echando un poco de picadura, por lo menos le habían dejado el tabaco,- Pensó, ayudándose con los pulgares dio forma al pitillo, sellándolo con la lengua y dejándoselo en los labios, rasco una cerilla y lo encendió, el humo de la primera calada le dio un poco de calma, con un fuerte ademan de su mano apago la cerilla y la tiro al suelo, echo su cuerpo hacia atrás para estar más cómodo, y jugó con la siguiente bocanada de humo haciendo una rosquilla.

-¿Qué he hecho?, ¿Me habrá denunciado alguien?, pero ¿Por qué?,……., Los pensamientos seguían martirizándole, había oído que era habitual las denuncias para quedarse con los bienes de otros, pero él no tenía nada más que su trabajo, su mujer y su hija de 4 meses.

Cerro los ojos y sin saber porque le vino a la memoria la sala de fiestas en el Palace Hotel, con su orquesta, sentado en el velador con su copa de coñac, llevaba su traje azul marino con una fina raya blanca, corbata con pequeños rombos granates, tipo nido de abeja, y zapatos ingleses, conocidos por Oxford.

A través de la bocanada de humo la vio llegar, su chica, con aquel vestido crema entallado, marcada la cintura con el cinturón y sus pechos turgentes que tanto le excitaban, sin dejar de mirarla, le ofreció la silla y se sentó frente a ella sin soltarle la mano, sus ojos verdes y su pelo largo, ondulado, negro azabache y recogido en las sienes hacían que no pudiese dejar de mirarla.

-¿Quieres casarte?,- La verdad es que nada más preguntarle, se dio cuenta de que seguramente se había precipitado, toda la semana preparando como pedirle matrimonio y de repente …, parecía tonto, de hecho no había sacado ni el anillo, que torpemente se apresuro a sacar, estar con ella le anulaba, pero estaba loco por ella.

-Desea algo la señorita,- Jaime, el camarero se acercó, justo lo que necesitaba, ahora parecería más tonto, tendría que volver al comienzo.

-Sí, un anís, gracias,- Jaime se dio la vuelta y despareció

-Sí

Se produjo un silencio que le pareció eterno

-Sí, si quiero, no me has preguntado que si me quiero casar, pues sí,- increíble, le había aceptado

La beso la mano y le invitó a levantarse dirigiéndose a la pista de baile, ni una palabra, con la fuerza de sus sentimientos a través de sus manos era suficiente, tenía ganas de gritar, de reír, de abrazarla, de….., era completamente feliz, y…. la cogió por la cintura dejándose llevar por la música, poco a poco sus cuerpos se fundieron en un abrazo, comenzó a sonar Perfidia, y el mundo desapareció, su mano derecha acaricio su espalada y la atrajo fuertemente junto a él, sentir sus pechos le hicieron desear estar solos, ella; arrimo su mejilla a su cara y continuaron diciéndose todo sin decir, …..

-¿Eh!, despierta,- uno de sus compañeros de infortunio rompió el pequeño momento mágico que le había sacado de aquel sótano sucio y oscuro hacinado de otros semejantes que posiblemente eran tan desgraciados como él, dio otra calada al piti volviéndole el nudo en el estomago y la rabia ante la indefensión, como se apañaría su mujer y su hija.

-Al patio,- una voz ordenaba al tiempo que golpeaba la puerta……

miércoles, 21 de octubre de 2009

Grandes momentos


Saboreando el café por la alborada,

Bañose de oro el campanario,

Susurrando la brisa su misterio,

Bostezando la luna ya menguada.

De la pequeña jaula desconchada,

Acariciaba el aire el noticiario,

Extraño ruiseñor atribulario,

Posado sobre repisa nacarada.

Perdido en remolinos de mañana,

En el humo del piti caprichoso,

Mirar y no mirar, estar ausente.

La caricia del sol por la ventana,

Del arco iris de la vida generoso,

Y el sabor de tus labios aun presente.

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