¡Bienvenidos al blog de Julio! abierto las 24Hs...

lunes, 22 de noviembre de 2010

sábado, 6 de noviembre de 2010

miércoles, 13 de octubre de 2010

El portón verde III

Habían pasado 10 días desde que llegamos, Claudio con su puntualidad insultante, aparecía todos los días a las 8 de la mañana, así que desde las 7 estábamos en danza.

Abrí la mitad de la puerta de casa mire hacia la casa de Claudio pensando que ya venía, pero no. Hacía frio, acababa de clarear y el sol perezoso se hacía desear, o como decía mi abuela, no por mucho tempranear amanece más madrugo.

-Claudio no tardará en aparecer,- Pensó. Cerró los ojos, alzo el cuello y respiro lo más profundamente que pudo, en un intento de disfrutar del olor a pinares del otoño, tan diferente del olor a pinares del verano, en los que era mucho más perceptible el olor a resina y agujo, enmarcado por la roña de los pinos. Trato de buscar el olor a vaca y gallinas de otros tiempos, pero no, prácticamente era inexistente.

Canto el gallo del corral de Dª Reme y le contesto el del corral del señor Pedro,…

-¿Preparados?,- No le oyó llegar

-Sí, pero ¿para qué?,- Desconocía el plan que tenía Claudio, y pensó si Claudio era de otro planeta.

-Voy al portillo a coger té de roca, gorrión

-Perfecto abuelo, vamos, danos 5 minutos

-Te he dicho mil veces que no soy tu abuelo,- Sabía que explotaría, y no sé porque pero me gustaba oírle.

Volver a ver el Duratón, desde enfrente de la Ermita de san Frutos, le gustaba la idea, podría volver a sentir las Aguilar y buitres al elevarse desde sus nidos y pasarle por encima de la cabeza.

Después de pasar por delante de la fábrica de cuerdas y atravesar el pinar, llegaron a la llanura de rocas planas, grandes extensiones de espliego y tomillo. De pronto apareció una abertura que llevaba a la orilla del rio.

-Por ahí iba Leonor,- Comento Claudio señalando a la derecha según bajábamos, una pequeña senda que llevaba a la parte alta del acantilado.

-¿por qué?

-Porque es donde está el té, a que si no, ¿en que estas pensando?,-

-No se enfade Vd., es que no puedo quitarme a Leonor de la cabeza desde el otro día, que por cierto Vd. no termino de contarnos que pasó,- Intente volver al tema

-Gorrión, hay cosas que es mejor dejar donde están,- Siguió caminando, pero no había cortado secamente el tema, luego había posibilidades.

-Sabe Vd., Tiene razón, solo que estoy mucho más intrigado que cuando vine, y conocer que pasó en realidad, y no quedarme en los dimes y diretes de la gente,- Trataba de que Claudio entendiese mi interés, mejor dicho; nuestro interés ya que Irene había quedado atrapada por la historia, y eso que era reacia a venir. Entonces se produjo el milagro

-Está bien,- y continuó con el relato. Cuando llegó la pareja de la guardia civil y el médico, lo primero que hicieron fue ir a buscarnos y los cinco a donde Raimundo, el médico certificó lo obvio, estaba muerto, y el cabo ordeno meterlo en su casa, unos momentos después Raimundo estaba en su cama con una toalla en el oído.

-¿Dónde está Leonor?,- pregunto el cabo

-En mi casa, conteste.

-Pues vamos.

-Hola Salvadora,- Sancho, el Cabo era primo segundo de Salvadora

-Hola Sancho, que desgracia ¡Eh!, -

-Sí, Leonor, ¿Qué ha pasado?,- le preguntó directamente a Leonor que estaba ausente sentada, apoyada en la mesa y mirando a la puerta

-Sancho déjalo, todos sabíamos lo que pasaba

-………..Esta bien,- Contesto tras unos instante de vacilación y salimos de nuevo a la casa de Raimundo. Entro y se dirigió a la cocina, miro la chimenea detenidamente, los trébedes, el caldero y el atizador incandescente hincado en las ascuas de la lumbre, después miró la mesa, los picos de la misma, el armario blanco, los altillos, las dos hachas que estaban junto a la leña, hasta la bombilla, trataba de entender que pasó. Después pasó a la cuadra, allí estaba el cubo tirado y la leche derramada, blanquita la vaca de Raimundo campando a sus anchas, entonces dijo:

-Creo que lo que ha pasado es que Leonor, al ordeñar la vaca como todos los días, debió de recibir un golpe de esta, y se fue a la cocina, luego llegó Ramiro y se fue a ordeñar y la fatalidad hizo el resto.- Miguel, el médico y yo nos miramos y ratificamos las palabras del cabo, parecía lo más lógico.

A las dos horas, todo había acabado, me encontraba solo ante la lumbre de la chimenea de casa, Leonor estaba acostada y mi madre se sentó a su lado en la mecedora de cuidar enfermos, como ella la llamaba.

Eche un par de piñas y unas cuantas ramas de pino al fuego, no tardó mucho tiempo en salir llama, titilaba y me atraía, me llevaba una y otra vez a mi entrada en la cocina, ese atizador en el suelo, y Leonor haciendo punto sin prestar atención, fue entonces cuando le vi el ojo y cuando recogí el atizador estaba lleno de sangre, lo clave en las ascuas, eche con el cogedor ceniza en la sangre del suelo y barrí, echándola de nuevo a la lumbre, entonces llame a Miguel para que viniera a la cocina y me ayudara a llevar a Leonor a casa. Lo que no alcanzaba a entender es que paso en la cuadra, seguramente la discusión empezó allí.

En fin, encendí un cigarrillo de picadora y eche el humo al techo.

-Nadie conocerá que pasó, al igual que el pueblo silenciaba lo que todos conocían, lo mismo ocurriría con esta muerte,- Y así fue, pero la casa fue condenada de por vida, nunca se volvió a vivir en ella, de hecho creo que poco a poco se dejo morir, hasta que un día los techos se derrumbaron.

-No dices nada,- Me pregunto Claudio. No podía, quien podía creer lo sucedido

-Nunca lo contaste, ¿de verdad?,-

-Está es la primera vez y creo que la última, teniendo en cuenta mi edad,- La verdad sí que tenía la mente lúcida, seguimos caminando hasta el té

-Y como llegaste a casarte con Leonor,- Esta vez sí que mandaba a …

-Tú quieres saber mucho, y mi vida es mía gorrión,- Trepo como si tuviera veinte años a las rocas altas para coger el té, resbaló,…..

-¡Cuidado!,- Casi me da un vuelco el corazón, pero Claudio rectificó y puso el pie en un saliente.

Julio

domingo, 10 de octubre de 2010

El portón portón verde II

Los días siguientes pasaron en ir con Claudio a las viñas, a los pinares para hacer acopio de piñas, que junto a los tocones y leña de mayor enjundia, estas llevadas por Miguel el vecino, le hacían a Claudio el invierno más llevadero.

Los intentos de que nos contase lo acaecido en la casa del portón verde, nada de nada, es más, todo intento de sacar el tema terminaba unas veces como si no lo oyese, otras; si estábamos por los pinares, aceleraba el paso y si estábamos por la noche al amor de la lumbre de la chimenea, había llegado la hora de acostarse, al parecer la historia que corría de boca en boca por el pueblo, desde que tenía conciencia, seguiría igual, una historia de tantas.

Un día, sin esperarlo, tomábamos unos cafés en el bar del pueblo, el bar de Fabián, que por cierto, seguía con sus veladores de mármol y pies de hierro, las paredes en un color amarillo del humo, sillas con los asientos de formica de los años 60, un viejo espejo con el azogue estropeado y un gran cuadro de una lámina de la gitana con la guitarra de Julio Romero de Torres y su color monocromático azulado, fiel testigo del tiempo, es más parecía que entraría el párroco del pueblo, D. Severino, a echar la partida, la brisca de todas las tardes.

Claudio dio un sorbo a su carajillo

-Fue un 17 de Diciembre, nevaba, serían las 12, salí como todas las noches antes de acostarme al corral, el cielo estaba blanco y los copos en su libre albedrio me caían en la cara, siempre me había gustado la nieve, al bajar la cabeza vi a Raimundo, sentado en el poyete junto al entreabierto portón verde, la nieve le cubría los hombros y las piernas, la cabeza apoyada contra la pared y nieve en el pelo,- Claudio volvió a dar un sorbo a su carajillo, le costaba hablar de todo aquello, cuando creí que no seguiría…..

-En dos pasos estuve junto a él, ¡Raimundo!, ¡Raimundo!, le zarandee en el hombro , fue entonces cuando me di cuenta de que un hilo de sangre le manaba del oído, instintivamente separe mi mano de su hombro y se desplomó sobre el poyete,- De nuevo volvió a su carajillo, y nosotros a nuestros cafés, sin decir palabra, sacó su tabaco picado, se lió un cigarro sellándolo con la punta de la lengua, se lo colocó en el lado derecho de los labios, saco su mechero de mecha, ¡Chas!, ¡Chas!, dos chisporroteos de la piedra y un poco de soplido y la mecha ardía sin llama, tras la primera calada, nos miró, ni respirábamos, ¿tendríamos que esperar a otra ocasión para saber que pasó?, me seguía pareciendo mentira su claridad mental y su memoria teniendo en cuenta su edad.

-Fui a buscar a Miguel,- dio una calada y echo el humo al techo. Volvimos y pasamos el portón verde, atravesamos el corral y entramos en la casa. ¡Leonor!, ¡Leonor!, nadie contestaba. Al llegar a la cocina, Leonor estaba frente a la lumbre de la chimenea, tenía las trébedes puestas y el caldero hirviendo, con la mirada perdida en el fuego y haciendo punto,- Apuró el carajillo y termino el cigarrillo sin mediar palabra, no nos atreviéndonos a interrumpirle.

-¿Por dónde iba?,- Me dio un vuelco el corazón, habría perdido el hilo de verdad o con su astucia buscaba no seguir contando.

-Leonor estaba sentada frente al fuego de la chimenea,- Trate de puntualizar lo mejor posible el punto en el que se había quedado.

-¡Ah! sí, - y continuo

-Tocándola suavemente en el hombro y empleando un tono de voz suave insistí, ¡Leonor!, ¿Qué ha pasado?, giro su cabeza y al mirarme, vi su ojo hinchado y un fuerte golpe justo en la sien, ¿Qué ha pasado?, - ahora sí que estaba asustado, pero sin decir nada se quedo mirando la llama de la chimenea, volví a insistir, ¡Leonor!, vamos, ¿Qué ha pasado?, se levantó y si no llego a estar cerca se cae de bruces en la lumbre, no dijo nada, su mirada perdida en mis ojos y una lagrima corriéndole la mejilla, y nada más, Leonor no estaba allí.

Ayudado por Miguel la llevamos a mi casa, poco después Miguel fue a buscar a la guardia civil y al médico que estaban a 5 km, en el pueblo de al lado,- En este punto apostillo

-Y es aquí donde nace la leyenda, que ha corrido por el pueblo fruto como siempre de un poco de verdad y mucho de habladurías,- Claudio se quedo callado mirando a la ventana del bar, ¿Qué pasaba ahora?, tratamos de que continuara pero seguía sin decir nada.

-Leonor, ¿Leonor era tu mujer?,- Irene se atrevió a preguntar lo que yo ni siquiera había pensado, pero evidentemente tenía su lógica porque la mujer de Claudio se llamaba Leonor, aunque siempre la llamaban Eleonor.

-Sí,- Claudio contestó con un sí rotundo y escueto, ahora sí que no entendía nada, que había pasado en realidad.

-Me voy a dar de comer a los animales,- Se levantó dio media vuelta y salió por la puerta del bar.


Julio

miércoles, 6 de octubre de 2010

El portón verde


Las últimas luces del día atravesaban las nubes confiriendo a estas un tono gris plata.

-No lloverá,- pensó mirando al cielo desde la puerta de la casa, que fue de sus abuelos. Acababan de acomodarse después de un viaje de 6 horas, no terminaba de entender como había decidido pasar unos días allí, eran las 7 de la tarde y parecía un pueblo fantasma.

Se dio media vuelta y entró en la casa

-Mañana pasaré por casa de Claudio.- Pensó, era su tío abuelo, …..se paró y…

-Nena me voy a casa de Claudio, ¿Vienes?,- Recapacitó, aun no era tarde y le gustaría ver a Claudio.

-Sí, voy

Su tío abuelo vivía al otro lado de la plaza de la fuente, cuando pasaron frente a ella se dio cuenta que por los dos caños ya no manaba el agua, habían puesto un grifo en uno de ellos. Por la calle del fondo a la derecha se veían los lavaderos y una pequeña ermita, poco después, dos aldabonazos sonaban en el interior de la casa de Claudio

-¡Abuelo!,- No pudo reprimir la inmensa alegría que le causó verle aparecer por la mitad de la puerta de la derecha, enjuto, con sus ojos verdes, y sus cuatro pelos, de hecho era el mote familiar de los hombres de la familia en el pueblo: “cuatro pelos”.

-Gorrión, te he dicho mil veces que no soy tu abuelo, ¡Coño!,- Su carácter no había cambiado, a pesar de estar cercano al siglo, su aspecto físico no había cambiado casi, algo menos de pelo y alguna arruga más, pero era él.

-¿Os vais a quedar ahí?,- Se dio media vuelta y se fue para dentro. Abrieron la otra mitad y siguieron sus pasos.

Al pasar el dintel de la puerta le pareció que el tiempo se había detenido, en el esquinazo, la cantarera con sus dos cantaros, y sus pañitos tapando las bocas, presionados por dos tapones enormes de corcho, en el techo, colgando del hilo eléctrico de algodón trenzado, seguía solitaria la bombilla, y pegada a la pared a la derecha según se entraba, estaba la mesa de roble que había hecho su abuelo.

-Gorrión, ¿termináis de entrar?.- Pasaron la cortina que flanqueaba el paso a la cocina.

-Hay tenéis sopa si queréis cenar,- No dejo de dar cuenta de su sopa cuchara tras cuchara, parte del plato de sopa estaba cubierto por una capa de grasa.

-No gracias, aun es pronto para nosotros,- Se fijo en el banco de madera, que había hecho su abuelo, y que seguía allí, junto a la chimenea, como recordaba el calorcito que se sentía cuando encendía la chimenea su abuela, y como se tomaba la copita de aguardiente su abuelo por las mañana, en realidad, a la otra casa se fueron años más tarde.

-Esta gallina no tiene nada que ver con las que coméis vosotros,- y siguió cenando sin más.

En el techo seguía aquel plato boca abajo con la bombilla, al menos así le pareció siempre, al fondo una pequeña ventana con un burdo cristal roto, a la izquierda de la chimenea la bilbaína que pusieron cuando salieron en su tiempo, aunque siguieron cocinando en el fuego del suelo de la chimenea mucho tiempo sobre todo los guisos. Al fondo, seguido de la bilbaína, una puerta daba donde antaño guardaban los animales y que su abuela convirtió en alacena y trastero.

-Si te apetece más, ¡ahí tienes el jamón!,- interrumpió sus pensamientos. Efectivamente a la derecha de la chimenea seguía un jamón colgado esperando a los que llegaban, como siempre.

-No, de verdad, es pronto,- Recalcó, y siguió impregnándose de sus recuerdos.

Le vino a la memoria lo extraño que le pareció cuando se enteró de que su verdadero abuelo se llamaba igual que su tio-abuelo, Claudio, este siempre decía que después de trece hembras, llegaron él y su hermano, que su madre decidió poner a los dos el mismo nombre, para ahorrar, y que con el tiempo comprobó que había sido buena decisión, ya que al llamar a uno iban los dos, aquí su abuelo apostillaba:”Cosa que era cierta, ¡cualquiera no obedecía a Dª Salvadora!”.

Poco a poco, la tenue luz de la tulipa del techo de la cocina se apoderó de la atmosfera, haciéndola más cálida y hogareña, como era normal en noviembre la temperatura bajó y sin mediar palabra, Claudio cogió un trozo de tocón de pino en el que se veían las huellas de las termitas y lo echo a la lumbre, chisporroteo, continuo liándose su pitillo de picadura,

-Este tabaco no es igual que el caldo de gallina de entonces, pero no venden otra cosa,- Tras la reflexiono en voz alta, pegó con la lengua el papelillo. No tardo en chisporrotear de nuevo el tocón, y momentos más tarde daba gusto estar allí.

-Y dime ¿Qué hacéis aquí?.

-Nostalgia.

-Solo eso,- Era difícil engañarle, siempre había sido así, tenía un sexto sentido para detectar las intenciones de las personas que se le acercaban.

-Eso y que me ha dado por conocer historias de familia, y sinceramente, como me lo vas a decir pues te lo digo yo, eres el único que queda de tu edad, con la cabeza en su sitio,- Conociéndole era mejor no dejarle salida.

-Bueno, dio una calada, y ¿qué quieres saber?.-No perdía el tiempo.

-Que fue de Eusebio, ”el poca cosa”, que se caso con Ramona; recuerdo que recogía resina de los pinos, atendía las vacas por la noche y tenía también ovejas, me caían bien, me llevo alguna vez con él a los pinares, aunque mi madre nunca lo supo.

-Sí, alguna sí que liaste, como para dejarte suelto,- En ese momento no recordaba nada excepcional. –Hay siguen, han tenido tres chava……………

La conversación continuó dando razones de unos y de otros, con algún “qué coño te importa“, y algún que otro silencio, que por si se entendía, …….

-Por cierto, siempre me intrigó el portalón verde que estaba en el callejón que daba a la plaza, - Era un enorme portalón de madera con grandes remaches de hierro, y daba entrada a la casa grande, y ahora que recuerdo nunca la vi abrir,- Claudio me miro fijamente, tomo la colilla y la apago bruscamente en la pared de la chimenea, tirándola al fuego.

-Se ha hecho tarde, me voy a dormir, mañana será otro día, cerrar al salir, sino queréis quedaros a dormir en casa,-Y se fue.

-Hasta mañana,- Era evidente que no quería hablar de la casa grande. Tras salir de la casa atravesaron la plaza de vuelta.

-¿Qué misterio ocultará la casa del portón?,- No tengo ni idea nena, pero ya nos lo contará.

lunes, 2 de agosto de 2010

La Esquina

A 6 ½ leguas y unas pocas varas de Madrid, las campanas de la basílica del Monasterio acababan de dar la 1 del medio día, instintivamente mire el reloj del consistorio, atrasaba diez minutos, desde la muerte del pegatinas no había vuelto a funcionar con exactitud, …….., quiero recordar su nombre, pero su apodo lo ha fagocitado en mi memoria.

Me senté como muchas otras veces en la mesa que permitía disfrutar de una excelente vista de las cúpulas del monasterio, que aparecían majestuosas por encima de los magnolios, y de la calle Reina Victoria, peatonal y porticada en uno de sus lados. Por cierto, la terraza pertenece al restaurante El Caserío, más conocido en el pueblo por el vasco, excelente su pastel de cabracho, o el picadillo de morcilla, sin desmerecer sus pescados y carnes, y su buen precio.

La verdad es que pretendía seguir con la historia de: “Y llegó el otoño”, pero parece que mi mente no quiere y se desvía.

-Una jarra de cerveza,- El camarero paso la bayeta por el velador, y sin decir nada se encaminó al bar, dos minutos más tarde dejaba la jarra de cerveza y unas olivas sobre el mismo,-Gracias-

-¡Qué bien vives!,- Levanté la cabeza, era Ana, empujado el cochecito con su nena de dos meses.

-¡Hola!, ya ves, se hace lo que se puede, ¿Quieres una cervecita?

-No puedo, ya me gustaría; ya, pero tengo que ir a por su hermana y darles de comer, te lo agradezco.

-Entonces no insisto

-Hasta luego,-

-Adiós,- Ana continuó su camino.

Retome mi lápiz y volví a mi cuaderno, …… solo quedaba una parada para bajar, seguía lloviendo, seguía dándole vueltas a lo que su mujer le comunicó por la noche, desde entonces estaba en una nube, aun le parec………

-¡Hasta luego!,- Don José le tocó en el hombro al pasar junto a él.

-¿Dónde vas con tanta prisa?

-Vienen mis hijos a comer

-Vale, vale, ya hablaremos,- hoy parecía que todo el mundo tenía prisa, el caso es que otra vez había perdido el hilo de la trama.

En la mesa de al lado, se sentaban en ese momento, Adela, como siempre con una pamela a juego con su vestido, y sus zapatos de los años veinte, le acompañaban María, y Margarita, las tres viudas, y las tres siempre juntas, su tapita al medio día y su limón granizado por la tarde noche en la heladería Los Valencianos , conocían vida y milagros de todos en el pueblo, la verdad es que me gustaba charlar con ellas, ya que de cuando en cuando conseguía me contasen como era la vida hacía sesenta años, lo que por otra parte les encantaba, principalmente a Margarita que siempre decía: “Mi padre nunca hubiese consentido el desmadre actual”, su padre había sido alcalde en su tiempo, cuando ella era una moza, como a ella misma le gustaba puntualizar.

Estaba claro que hoy no conseguiría avanzar en mi relato, tendría que quedarme con la intriga de que le había dicho su mujer por la noche,. …….., intente volver pero me di cuenta que tenía que irme, en fin otro día será.

-¿Qué le debo?,- El camarero pasaba en ese instante por mi lado

-1,8€

-Hay tiene, gracias,- una moneda de 2€ liquido la cuenta.

La verdad es que también me gustaba esa esquina, no solo por las vistas, sino porque pasaban por ella indefectiblemente amigos, y vecinos con sus historias que me intrigaban y que me hubiese gustado escribir, y eran agradables esas pequeñas conversaciones que te hacen sentir vivo, e inmerso en lo cotidiano.

¡Otro día será!.

miércoles, 30 de junio de 2010

In Memoriam II (todo podía ocurrir)


La estela aumento su fulgor hasta el punto de no ver con claridad las alas azules de la libélula, siguió la estela vehementemente,- ¿sería posible…..?,- no se atrevía ni siquiera a terminar sus pensamientos, su parte racional se lo impedía.

-¡Eh!, así no puedo ayudarte,-El pequeño escarabajo de cristal interrumpió sus pensamientos.

-Déjale, más pronto que tarde logrará su deseo, -le respondió la libélula

-¡Oye!, que estoy aquí,- Molesto intervino.

-No creo que nos escuche, -continuó la libélula su charla con el escarabajo, aumentando el brillo de sus alas con un movimiento ligero de sus antenas.

-Pues sí, sí que estoy aquí, y os oigo,- molesto volvió a responderles.

-Sigue su estela y calla, procura mirar con el corazón,-Sentenció la libélula.

Otra vez volvía a oír aquello que le decía su madre de chico y que nunca había logrado descubrir.

Los titilantes destellos de la estela pasaron de un intenso azul brillante a los destellos del diamante, pero…..

-¿Qué pasaba?,- Paralizado, impotente, vio como cada vez quedaba menos destellos de la estela, pero su color fue más cálido, un último destello se acercó a su cara y sintió un lengüetazo, con un nudo en la garganta miró como se elevaba sin perder intensidad, se había hecho de noche, siguió su ascenso, hasta verla junto a sus otras estrellas, y supo en aquel instante, que al igual que con las otras, podría desde aquel momento hablar con ella, reír con ella, llorar con ella, fue entonces cuando descubrió como mirar con el corazón, y sintió como con cada titileo de sus estrellas de sus seres de dos patas, y su nueva estrella de su ser querido de cuatro patas, el hueco de su alma se iba restañando.

lunes, 21 de junio de 2010

In Memoriam


Llovía. Como todos los días desde hacía años, lo último que hacía antes de irse a dormir, era dar un paseo, hiciera frio, calor, nevara o lloviera, pero esta noche no; no hacía falta, de todas formas salió al portal.

Encendió el cigarrillo, exhaló el humo de la primera calada, carraspeo, -tengo que dejar de fumar de una vez,-Todas los días se repetía lo mismo.

Llovía, se hacía más visible a la luz de la farola, se quedo absorto, al igual que le pasaba con las brasas de la chimenea, le relajaba y su mente vagaba a su libre albedrio, arreciaba el chaparrón, las gotas de llovía formaban una cortina de agua al atravesar la luz, le vino a la memoria algo que su madre le decía cada vez que llovía,-“La gente dice que son los ángeles que lloran, pero no; te diré la verdad, entonces le daba un halo de misterio que llamaba su atención; cada gota es un deseo, y cada uno puede encontrar el suyo”.

-¿Cómo se sabe que gota es la que trae tu deseo?,-le preguntaba al tiempo que seguían mirando la lluvia por el ventanal de la cocina.

-Hay que mirar con el corazón,-contestaba, siempre se quedaba con las ganas de preguntar ¿Cómo se miraba con el corazón?, pero había preguntas que le intrigaban más,-¿Quién ponía los deseos en las gotas de lluvia?, alguien las tenía que poner en las nubes para luego que las gotas las llevaran hasta el suelo, ¿No?.

-Cada persona buena que se ha ido, y cada ser vivo que se ha sentido querido, puede poner deseos,- Entonces, inevitablemente intentaba localizar esa gota de lluvia que le traería el deseo y que le devolviera aquel gorrión que crió,-pero se ve que no sabía ver con el corazón, y nunca localizó esa gota del deseo, su madre seguía liada frente a la lumbre preparando la cena para cuando llegara su padre.

La verdad, es que nunca había perdido la ilusión irracional de encontrar su gota de lluvia del deseo.

Sacudió con el dedo índice de su mano derecha el cigarro para quitar la ceniza, una gota certera apagó la lumbre del pitillo, instintivamente miró al cielo, al tiempo que sacaba del bolsillo el mechero para volver a encender el piti, se llevó el cigarrillo a los labios y acercó el mechero al cigarro, “Chas”,”Chas”, una llama titilante brotó, y una gota de lluvia, tan certera como la anterior la apagó, levantó la cabeza nuevamente, la farola tenía una luz diferente, es más, ¡no llovía!, y él se encontraba paseando por la acera, con las adelfas de flores rosas a la izquierda, y a la derecha, macizos de una enredadera de flores blancas, retamas de flores amarillas, acacias, algún que otro abeto, y una pradera natural en la que también había tomillo, y unas florecillas chiquititas moradas.

No entendía nada, estaría perdiendo la razón, miró a su alrededor, el entorno no le era desconocido, caminó acera arriba, ¡cuánto le hubiese gustado dar aquel último paseo!, aunque era muy pesada, siempre llevaba aquella lista interminable de olores, y tenía que puntear todos antes de volver a casa, ahora lo echaba de menos……., le distrajo de sus pensamientos un aroma parecido al jazmín, la verdad, ese aroma siempre le parecía fuerte.

Incrédulo extendió su mano derecha para comprobar que no llovía, dos nuevas gotas de lluvia cayeron en su palma, sacudió la mano para quitárselas, pero al mirar nuevamente su mano, estaban allí, se tornaron en un arco iris que fue creciendo a su alrededor, fue entonces cuando , por la pradera bajaba aquel mastín que hacía más de un año que no veía, aunque todo este tiempo pensó que dada su avanzada edad, 14 años, ….., el caso es que ahora no arrastraba sus cuartos traseros. ¡No era posible!, junto a él estaba aquel labrador blanco que atropellaron frente al portal de su casa, comenzó a asustarse, metió la mano en su bolsillo y encontró su pequeño escarabajo de cristal.

-A mi no me preguntes, no tengo nada que ver,- Si no había preguntado nada

-Ya sé que no, de todas formas yo te lo aclaro, es tu sueño, o mejor dicho tu deseo, ¡tú sabrás que has deseado!, yo solo puedo llevarte por el mundo de la imaginación no de los deseos, pero si te diré algo, esta por ahí.

-Y tú que sabes, no dices que perteneces al mundo de la imaginación,-entrometido, siempre parecía saber todo, y cuando le necesitaba para entrar en su mundo, no aparecía.

-Si quieres llamo a la luciérnaga para que te ayude,- Insistió

-¿Que luciérnaga?,- de repente estaba hablando con el escarabajo de cristal cuya tonalidad comenzó a cambiar.

-Cual va a ser, no te acuerdas ya de ella, tenía unas alas de mariposa grandes, de un tono azul con pequeños destellos y pequeñas briznas de polvo estrellado que se precipitaban al suelo, -Sí, sí que se acordó, en ese instante, la flor rosa de la adelfa que tenía a su izquierda aumento su color tornándose en un azul violeta y revoloteando a su alrededor.

-Hola,sígueme,-Instintivamente siguió la estela de pequeñísimas estrellas de cristal brillante, todo podría ocurrir.

martes, 1 de junio de 2010

Kika, siempre estarás en nuestro corazón

Hoy es un día triste, doloroso, Kika supero su segunda operación de ligamentos, pero la edad no perdona, y se nos ha ido sin hacer ruido. Buena hasta el extremo, nos queda el cariño que nos ha dado.
Gracias por vuestro interés.
Un abrazo


miércoles, 12 de mayo de 2010

Y llegó el Otoño

Serían las 6 de la mañana cuando salía de casa, necesitaba casi 2 horas para llegar al trabajo, hacia frio, un ligero viento y los amenazantes nubarrones de lluvia, hacían más desagradable el día, sujeto la tartera bajo el brazo y se abrocho la chaqueta, continuó calle arriba, llegar al tranvía le llevaría más de veinte minutos.

Las primeras gotas impregnaron el aire de un agradable olor a tierra mojada, aceleró el paso, y aunque intento desviar sus pensamientos y que desapareciera esa sensación de angustia, ese miedo irracional que le provocaban sus pesadillas; pesadillas que desde hacía cuatro años, noche tras noche, le hacían revivir aquel día, aquel lunes 14 de Octubre del 46, cuando su jefe le dijo que tenía que acudir a la DGS, en la Puerta del Sol, ……….., trago saliva, pero tozudamente su mente volvía por el sendero vivido en sueños, le acusaron por no sé qué ley de responsabilidades políticas, ¿Por qué?, ¿Quién?., él que solo vivía y trabajaba para y por su mujer , con la que tan solo hacía poco más de un año que se había casado, y su hija de 6 meses; nuevamente se le hizo un nudo en la garganta, ambas se quedaron desamparadas, sin saber durante días que le había pasado, y lo que durante los meses siguientes fue peor para él, como subsistían, …, la llegada del tranvía le saco de sus pensamientos, ni siquiera tenía conciencia de cómo había llegado a la parada, lo tomo, comenzó a llover con algo más de intensidad.

Arreció la lluvia, el golpeo de las gotas contra el cristal de la ventanilla, distorsionaba las figuras de las personas que caminaban con sus paraguas por la acera, se fijo en los que no llevaban paraguas, era curioso como caminaban encogidos, en un intento vano de no mojarse, o de mojarse menos. Los charcos comenzaron a formarse sobre los adoquines de la calzada, el tranvía giro en Cibeles, dejando a la derecha el palacio de Correos, junto al bordillo, el agua se trenzaba en su encuentro con los adoquines, creando pequeños riachuelos, arrastrando pequeñas hojas a la deriva, le vino a la memoria las torrenteras en sus montes de Toledo, cuando de chinorri ponía cepos, que recogía por la mañana al día siguiente, cubierto por un impermeable de plástico verde, “Clin”, “Clin”, la campana del tranvía le devolvió a la realidad, miró por la ventanilla, le faltaban 3 paradas para llegar al curro, se fijo en la mujer que acababa de subir, llevaba de la mano a su hija de unos 5 años, la imagen de su mujer y de su pequeña, de edad similar, alivio en parte sus miedos, las adoraba, habían vuelto a ser una familia después de casi 3 años, aunque después de estos 6 meses, que parecía todo volver a la normalidad, se palpaba en el ambiente un miedo irracional, o tal vez no fuese tan irracional, -pensó; todos procuraban no mirar a los ojos a nadie que no conociera, parecía increíble que habiendo pasado más de 10 años de la guerra civil, seguía teniéndose miedo al vecino.

Seguía diluviando

lunes, 10 de mayo de 2010
















Kika Recuperada, increíble su poderío físico con su edad.
Gracias a todos
Un abrazo

Julio

domingo, 11 de abril de 2010

















Ella (oleo)

Julio

jueves, 25 de marzo de 2010

kika


A sus 14 años ha superado una operación de ligamento cruzado de rodilla

Julio

viernes, 5 de marzo de 2010

viernes, 26 de febrero de 2010









Mirada,

Arabescos en el aire,

Bocana a un puerto

Enigmático de pasiones,

Lisonjera, sensual.


Julio

jueves, 21 de enero de 2010

YOU ARE SO BEAUTIFUL


Llovía, a través de los ventanales del hotel se distorsionaba el verde paisaje asturiano con el paseo San Pedro al fondo, miró la copa de coñac moviendo rítmicamente el líquido, disfruto del aroma previo a saborear el primer trago.

Perdida la mirada en el paseo, le vino a la memoria aquel domingo de discoteca y sus 19 años:

La luz de la sala se atenuó, la música lenta comenzaba, se levantó y de la mano fueron hacia la pista, la cogió por la cintura, los brazos de ella le rodearon acariciando su pelo, rozó su mejilla y la beso suavemente en el cuello, poco a poco la pasión y el deseo les atrapaba, sus cuerpos se fundieron envueltos por la música, subió su mano derecha por su espalda, abrazándola intensamente, sentir su femineidad, le incendio el corazón, la beso en la mejilla y sus miradas se cruzaron por un instante, después…… sus labios se fundieron apasionadamente.

Termino la canción y volvieron a su sitio de la mano, no podía parar de mirar sus ojos, la acarició y sin separar la mano de su cara volvió a besarla con la misma pasión.

-¿Qué hacemos hoy?,- Su mujer acaba de llegar de la habitación, devolviéndole a la realidad.

-Poca cosa, mira el día que tenemos, podemos dar una vuelta y después a tomar una sidriña al puertu, o sino al Pinin.

-Al Pinin,- Matizó ella

-Pues al Pinin,- Apuro su copa, se levanto y ella le agarro por el brazo

Mirándola, pensó que 35 años después seguía totalmente enamorado de ella y lo mejor..…… que era correspondido, la verdad era feliz, siempre lo había sido.


Julio

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